Trabajo de campo

Hum… que olor tan… delicioso… Un embriagador aroma venía del piso de abajo, sin duda era algo dulce. Lo seguí instintivamente hasta llegar a la cocina en la que nacía.

– Sin pensarlo dos veces, me acerqué a la fuente.

-Me parece que a alguien le va a gustar el desayuno…

¿Eh? – me giré. Ziram estaba ahí mismo, en la cocina, acabando el desayuno. Ya había puesto en la mesa un plato de lo que parecían ser tortitas con chocolate, a juzgar por el olor.

-Si sabe tan bien como huele, desde luego que sí.

Empezó a reírse. En una situación normal me habría dado vergüenza, pero con el hambre de aquella mañana tenía otras prioridades, además de que ya empezaba a hacerme a mi nueva casa.

Bueno, no te voy a hacer esperar. Come, hoy va a ser un día intenso – No tardé mucho en hacerle caso. Y como sospechaba, estaba riquísimo.

-No creía que cocinases tan bien.

-Vamos, no es para tanto – se puso colorado – sólo es algo sencillito.

Vino a la mesa cargado con un plato hasta arriba de comida. Solomillo, verduras, pescado, varias piezas de fruta… casi se salia de lo lleno que estaba.

-¿Te… te vas a comer todo eso?

-Eh… sí. Es equilibrado, ¿no?

-Ya, pero… ¡es demasiado! ¿Cómo te va a entrar?

-Tú descuida, acabará entrando. Además, es la comida más importante, mejor que sea en condiciones.

-Una cosa es eso y otra es engullir todo lo de un día en una mañana.

-Es preventivo, por si luego se me olvida comer o no me da tiempo.

No sabía como encajar eso. ¿Olvidarse de comer?

-Estás de coña, ¿no? ¿Se te olvida comer?

-Nah, alguna vez nada más. Sólo si estoy muy concentrado en algo, si no no.

-Ya… por cierto, ¿a qué te referías con día intenso?

No habían pasado ni cinco minutos y si plato ya iba a la mitad. Literalmente engullía. Este tío…

-Es un intento de arreglar lo que pasó ayer con el espectro – me recorrió un escalofrío de parte a parte – para que vayas acostumbrándote a ciertas cosas.

A-Ah… – me empezó a entrar algo de miedo al recordar la escenita de la escoba. No sabía qué decir.

-No te preocupes, sólo vamos a dar una vuelta por ahí. Habrá algún bicho, pero no pasará nada.

-Si tú lo dices…

-Y si alguna vez me ves que me obsesiono mucho con los espectros o soy muy agresivo… hazme un favor y dame una colleja.

Empecé a reírme sin parar. Él también lo hacía, aunque en silencio.


Acabado el desayuno, nos dirigimos a la puerta de la fortaleza. De camino Ziram tomó el cuaderno negro de ayer, su escoba y el pequeño aparatito que parecía invocar a esa nube. En pocos minutos aparecimos en mi antiguo barrio, y como siempre, nadie parecía vernos. Todavía me resultaba extraño aquello de no existir para el resto, era muy raro que nadie notase que una nube había venido de la nada.

-Ya hemos llegado – sacó algo del bolsillo y me lo pasó – Ten, te harán falta.

Eran las extrañas gafas de buceo. Recordaba haberlas dejado en la mesilla de mi cuarto, así que Ziram tendría que haberlas cogido antes de despertarme yo. Decidí no dar más vueltas al asunto y ponérmelas.

El poder ver el mundo desde aquella otra perspectiva era impresionante. Toda la gente aparecía como nubecillas verdes con forma poco definida, caminando, agitándose. Miles de hilos azules partían y llegaban de miles de sitios, especialmente las cabezas de quienes pasaban por ahí. En más de un momento me pareció estar drogada; tal visión era casi alucinatoria.

-En principio hoy iba a ser una clase normal y corriente, pero he pensado que un enfoque más práctico te vendría bien.

– aún seguía ensimismada con las vistas. No me paré a pensar en la pinta que tenía, aunque no sería especialmente normal.

Ziram se puso enfrente mío, moviendo la mano derecha. No era muy cómo de ver, pero estaba ahí.

-¿Me puedes ver bien?

-Eh… sí, más o menos.

-Bien. Hoy te dedicarás a observar el mundo a través de las gafas, ¿de acuerdo? No te preocupes por dónde vas, yo te guiaré. Ah, y si te notas mareada o cansada, paramos cuando quieras.

-Vale, te sigo.

Empezamos a andar. Al principio tenía algo de miedo, ya que apenas podía distinguir mis propios pies. Iba dando tumbos intentando no perder el equilibrio, cosa que no pasó hasta pasado un buen trecho. Por suerte, Ziram me recogió antes de caerme.

-¿Vas bien?

-Sí, sólo he perdido el equilibrio un poco.

-Hum… espera, creo que ya sé cómo arreglarlo.

Se acercó y sin quitarme las gafas, empezó a palparlas, como si estuviese buscando algo. Finalmente escuché un ligero clic y la vista cambió por completo, quedando sólo los destellos verdosos que en teoría correspondían al alma de la gente. No té que el mareo se iba, y que el resto de cosas se veían muchísimo más nítidas.

-Esto será suficiente.

-¿Qué has hecho?

-Las he configurado para que sólo te muestre las almas, mientras que el resto se ve normal. Parece que ver todo a la vez es demasiado fuerte, trabajaremos en ello.

-Por cierto, ¿qué eran esas líneas azules?

-¿Las de color celeste? Información. Van desde cualquier cosa con información hasta aquello que pueda recibirla. Cambian continuamente, como si fuesen una red neuronal.

-¿Y los núcleos? ¿No se ven?

-Sólo si ves todo a la vez, me temo. Así que para aprender de eso habrá que esperar un poco.

-Bueno, dime, ¿cuál es la lección de hoy?

-¿Te acuerdas de lo que te dije acerca de las almas?

-Eh… – dudé un instante – que poseen la personalidad de una persona y que necesitan un cuerpo para no consumirse.

-No está mal. Hoy vamos a ver una especie de alma que no se consume, y que incluso puede crear otras. Aquí cerca hay una, vamos.

Caminamos hasta el parque de un par de calles más allá. Mientras llegábamos, observé detenidamente a la gente que se nos cruzaba. No sabía interpretar lo que veía en ellos, aunque había de todo. La mayoría de las almas estaban calmadas, mientras que otras vibraban sin parar, como si estuviesen nerviosas, y algunas incluso parecían chillar de dolor. Era una visión un tanto espeluznante.

-¿Por qué gritan?

-No todas las almas están igual de bien hechas. Si no la cuidas, tus cualidades empezarán a chocar unas contra otras y a agitarse como si fueses una olla a presión. Las que más sufren acaban emitiendo gritos de dolor muy agudos, están literalmente intentando salir de donde están.

-¿Y no se les puede ayudar?

-Me temo que no. Habría que modificar el alma o meterla en otro sitio. En cualquier caso, su dueño debería morir.

-Vaya… – me sorprendió un poco todo aquello. Realmente había gente que estaba muriendo por dentro sin saberlo y no se podía hacer nada para evitarlo – ¿Y si el alma sigue así, qué pasará?

-Las uniones con cuerpo y mente acabarían rompiéndose, llegando al punto en que cada parte quiere ir por su lado. Y con el tiempo… lo conseguirían.

-¿Seguro que no se puede hacer nada? – insistir no me parecía la mejor opción, pero tenía que hacerlo.

-No vas a parar hasta que te dé una respuesta, ¿eh? – sacidió algo la cabeza mirando al suelo – Por mi parte, no. De hecho, por la de casi nadie.

-¿Casi? ¿Quién podría?

-Recuerdas que te dije que cada núcleo proporcionaba una habilidad en concreto, ¿verdad? Pues hay uno, muy concreto y difícil de encontrar que… podría arreglar estas situaciones. Yo sólo he conocido a una persona capaz de eso, aunque nunca he visto ese núcleo en acción.

-¿Quién?

-Alguien que no estaba agusto con su poder, y que ya no está entre nosotros, por desgracia.

-Oh… – noté que su voz se apagaba algo, quizá se estaba poniendo algo triste al recordar.

-Te daré un consejo para el futuro. Si alguna vez pierdes a alguien querido, no te esfuerces en hacer que vuelva. Revivir algo que no debería nunca sale bien.

-… – Lo dijo muy en serio. Me gustaría preguntarle si lo había vivido, pero ya sería pasarse.

-Vale, ya estamos.

Sin apenas darme cuenta llegamos a un lateral de un parque de tamaño considerable, donde muchos críos estaban jugando. La zona en la que nos sentamos, sin embargo, estaba totalmente vacía y silenciosa.

-Bien, ¿ves algo diferente?

-Eh… ¿qué rayos es eso?

Justo en el centro de aquella zona había algo que salía del suelo, similar al capullo de una flor, esperando el momento adecuado para abrirse, pero era enorme, de casi un metro de altura. A su alrededor numerosas partículas verdes daban vueltas sin parar como si fuesen moscas.

-Yo las llamo rafflesias, esas flores gigantes que huelen que apestan.

-Bejj…

-A pesar de su aspecto, aquí nacen y se alimentan muchos espectros pequeños, es como un refugio para ellos. En ocasiones aparece alguno mayor, pero no es lo habitual.

Sin previo aviso, aquella cosa empezó a moverse y a deformarse.

-¿Eh? ¿Qué ocurre?

-Parece… que va a nacer un espectro. Y de los grandes, creo.

-¡¿Qué?!

-Ponte detrás de mí, puede complicarse – rápidamente empuñó su escoba y se cubrió con ella.

La flor seguía retorciéndose, y se notaba que algo intentaba salir de ella, aunque sin éxito.

-¿Y si… lo ayudamos a salir? – me pareció descabellado, pero algo me decía que no iba a poder salir de ahí sin ayuda.

-¿Va en serio? No sabemos qué habrá dentro.

-No será muy fuerte si no puede salir de ahí, ¿no?

-Eh… mira, es un buen argumento. Vale, le daré un toquecito. Un paso atrás.

Ziram, escoba en mano, se agachó ligeramente y sin pensarlo dos veces corrió hacia la flor y le sacudió con fuerza con la escoba, hasta casi aplastarla. No pasaron dos segundos hasta que la flor le devolvió a donde estaba con una pequeña explosión, no lo suficientemente fuerte como para tirarlo.

-¿Y eso es un toquecito?

-Son más duras de lo que parece. Bien, veamos qué ha salido.

Nos acercamos lentamente a lo que quedaba de la flor. Había numerosos hilos de color pistacho por todos lados, además de una masa verde en el centro, inmóvil.

-¿Está… muerto?

-No, sólo inconsciente – se arrodilló para observarlo mejor.

-¡Ten cuidado!

Quedaban pocos centímetros entre la mano de Ziram y el suelo cuando de repente esa cosa pareció despertarse, viéndose de un color mucho más brillante, e incluso azulado. En una fracción de segundo se abalanzó contra Ziram con mucha fuerza, y tirándolo esta vez.

-¡Ziram!

Nada más ponerse de pie, empezó a mirarme fijamente. No pasaba del metro de altura, tenía las piernas anchas y no muy largas, brazos cortos pero con músculo, tres colas de aspecto peludo, la del medio mucho más frondosa que el resto, un penacho de pelo en la cabeza hacia arriba y dos largas orejas de conejo.

-… – estaba muerta de miedo, este espectro no parecía muy indefenso precisamente.

Corrió hacia mí, aunque no tan rápido. Retrocedí de inmediato, pero perdí el equilibrio y tuve que ir hacia atrás como su fuese un cangrejo, hasta que logró acorralarme contra un árbol. De un salto se me subió al vientre y me miró directamente a los ojos, como si estuviera reconociéndome. No tenía ojos, sólo dos puntos brillantes que se movían como tales. El miedo me impedía reaccionar, y saber que había derribado a Ziram como si nada no me ayudaba en absoluto.

Finalmente Ziram se levantó y vino a ayudarme. Acto seguido, el espectro se dio la vuelta y se puso entre nosotros. Si no fuese una locura, habría jurado que intentaba protegerme de Ziram, que venía dispuesto a todo. Cuando pude levantarme, el espectro seguía pegado en su sitio, y no dejaba que Ziram se acercase.

-¿Ziram… qué ocurre?

-Si no lo veo no lo creo… – empezó a carcajearse – ¡Te está protegiendo!

-Pero… ¿por qué?

-Qué interesante… debe pensar que al tener yo dos almas y tú ninguna, iba a por ti. O eso, o te protege porque estar cerca tuyo le ayuda a no desaparecer.

-¿Qué quieres decir?

-Aunque un espectro no tenga cuerpo, instintivamente se ve atraído hacia ellos para intentar ocuparlos. Pero parece que en este caso… con estar cerca le vale. De hecho, creo que a tí te pasa algo parecido, ya que no tienes alma. No lo había visto nunca.

-Y… ¿qué hacemos?

-Yo lo quitaría de en medio, pero… es algo único, y puede que nunca lo vea otra vez.

Seguía en sus trece de protegerme. No comprendía muy bien el por qué… me daba la sensación de que no era tan salvaje como Ziram me lo había descrito.

-Tengo una idea. Con suerte, podré reconstruir la rafflesia para que pueda vivir aquí sin problemas, y podemos venir a verlo de vez en cuando, ¿te parece?

Me sorprendió que tomase una decisión tan… humana. Parecía realmente intrigado por saber más de aquel extraño ser. De hecho, aunque le costó, empezó a dibujarlo en su cuaderno, como si de un descubrimiento de tratase. No dejó que lo tocara, pero no le pegó de nuevo.

Ya empezaba a hacerse algo tarde. Sentía pena al dejarlo atrás, pero no quedaba otra opción por el momento.

-Oye… ¿y si le ponemos un nombre?

-Si cuando volvamos sigue con vida, perfecto.

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