¿Quieres jugar? – 3

Estuve un buen rato pensando. En Sheila. En Jill. En toda la gente que conocía. Muchas personas habían pasado por mi vida. Sólo pasado. Pocas se habían quedado. El tiempo pasaba. Yo no olvidaba a casi nadie… pero mucha gente parecía olvidarse de mí. Y lo peor era que yo no hacía nada por evitarlo. Año tras año, la gente cambiaba. Crecía. Maduraba. Hacían su vida unos con otros.

Yo no.

Nunca me ha gustado mucho la gente. Pero quiera o no, la necesito como cualquier otra persona. No había tenido muchas amistades duraderas… ni había luchado por mantenerlas a flote como habrían hecho muchos. No era consciente de las consecuencias de estar solo… hasta que lo comprobé por mí mismo. Y como tampoco me parecía terrible ir por mi cuenta, no cambié de actitud.

El problema fue que la gente cambio.

La gente ya no me olvidaba como antes. Sabían quién  y cómo era. Al cabo de un tiempo, seguían recordándolo. Por lo visto querían que entrase a formar parte de sus vidas.

Pero seguía sin hacer nada. A la vista de los demás, yo rechazaba a la gente. En cuanto se perdía el contacto, se perdía para siempre. Era como si yo fuese quien los olvidaba.

Jill vino como una persona más. Nos conocimos, hicimos amistad en seguida, nos divertíamos… lo normal. Pero cuando llegó el momento en que normalmente me alejo de quien conozco… Jill no lo hizo. A pesar de que ya no estábamos en contacto como antes, él seguía interesándose por mí. No me sorprendió demasiado, ya esperaba en que la relación se esfumase por mi falta de interés.

Me equivoqué.

Llegó el día en que ya ni hablábamos, y las pocas veces que lo hacíamos, Jill me seguía hablando como el primer día. No parecía que hubiese pasado el tiempo desde aquellos primeros días. No entendía por qué, pero tampoco quería saberlo.

Con Sheila ocurrió algo diferente. La conocí a la vez que a Jill, incluso acabamos siendo buenos amigos los tres. Pero ella era diferente al resto de las personas. Para mí lo era. Por primera vez en mucho tiempo, no quería ser olvidado. No quería que ella me olvidase. ¿Motivos? No parecía haberlos. Simplemente estaba cómodo con ella.

Pasaron los años. Sheila seguía el mismo camino que Jill, seguían a mi lado. Yo no hacía nada especial, simplemente seguía a mi rollo, aunque ahora estaban estos dos al lado. Y no quería que se fuesen. Ninguno.

La relación con Sheila debía de ser más fuerte. Siempre procuraba que no me olvidase. Que quisiera estar conmigo. Que tuviese el mismo mido a que me olvidase de ella como el que yo tenía. No prestaba atención al resto de la gente. No me hacía falta.

Le dije a Jill la verdad, cómo veía a Sheila. Decidí comprobar si mis esfuerzos habían valido la pena. En principio siguió a mi lado… pero nada más. Me conformé con mantener nuestra relación todo lo que pude. Pero el tiempo se acababa… y sabía que tarde o temprano tendríamos que separarnos.

Sin embargo, y como pasó con Jill, no me olvidó. Charlábamos de vez en cuando. Nos contábamos muchas cosas, quién sabe si eran oscuros secretos. A los ojos de ella, seguía siendo un buen amigo, diferente pero agradable. Ojalá la hubiese visto así…

Cada día que pasaba veía cómo Sheila iba haciendo su vida. Bien o mal, seguía adelante. Eso me hacía sentir raro. No conseguía sacármela de la cabeza. Todos los días pensando en qué hacía, recordando todo lo que vivimos juntos.  Llegué a desear no recordarla. Imposible. Con el tiempo, lo único que veía era cómo las posibilidades de que Sheila acabase olvidándome aumentaban sin parar. Tenía miedo de que lo hiciese, pero no hacía nada por mejorarlo. Siempre había el riesgo de meter la pata y romper la relación… aun intentando fortalecerla.

A media que pasaba el tiempo, mi relación con el resto del mundo se iba volviendo más fría. Prefería estar solo. No me importaba lo que pensase el resto de mí, si me consideraban buena o mala persona. Me daba igual. Mucha gente me dijo que no era bueno aislarse de ese modo. Yo sólo lo veía como la única forma que tenía de ser, de vivir. Nada podía dañarme de esa forma. Opiniones, críticas, influencias… todo quedaba fuera.

No sabía cómo seguir. Las cosas podían acabar mal tanto si hacía algo como si no. Quizá era mejor que me olvidasen, como acababa haciendo todo el mundo. No podría hacerlos daño, y no tendrían que esforzarse en una causa perdida como yo.

Sin embargo… tampoco quería que se fuesen. Y probablemente, ellos tampoco. Me hacían sentir diferente a como era antes, consiguieron que incluso yo me interesase por sus vidas. Era alguien completamente distinto, como si sacasen una parte de mí que yo mismo desconocía.

¿Qué debía hacer: ir a lo seguro o jugármelo todo?

Quizá no tengas que tomar ninguna decisión… mi… querido… Sahul…

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