El reino de Morfeo

Esa noche no pude dormir.

Nada, por mucho que lo intentaba, ni un poco. Mi segundo día con Ziram y había logrado traumatizarme, y se supone que esa era mi nueva vida.

Y además, seguía haciendo mucho calor.

Imposible dormir.

Pensé en salir al patio de los cultivos y dar un paseo. Me levanté, recoloqué rápidamente las sábanas y me dirigí a la ventana. No había nadie en ese momento. Ziram estaría durmiendo, seguramente. El silencio era increíble, demasiado como para no inquietar. Nada más salir al pasillo bajé las escaleras procurando no hacer ruido y llegué al patio sin problema.

Me senté en los escalones por los que se bajaba al suelo, contemplando el cielo. Había luna llena esa noche. Era… tranquilizadora, hacía que lo de aquella mañana no fuese más que una anécdota, en vez de la terrible experiencia que fue en realidad.

No volvía cruzar palabra con Ziram desde lo del espectro. Ni en la comida, ni en las horas de después… ni siquiera a la hora de dormir. Siempre lo encontraba atareado allá donde fuese: preparando la comida, trabajando el suelo, leyendo… no me atreví a hablar con él por miedo a cómo reaccionaría. Lo único parecido a contacto que tuvimos fue el pijama de verano que probablemente me dejó en la cama antes de que me fuese a dormir. Era más cómodo que la ropa de antes, y sorprendentemente volvió a acertar con la talla. Tenía muchas dudas. ¿Quién era Ziram? ¿Por qué ese comportamiento tan volátil? ¿Y de dónde sacaba esa ropa?

Al poco tiempo de sentarme, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Me dejó helada, tanto que empecé a tiritar aun haciendo tanto calor. Dirigí la vista al patio de nuevo.

No estaba sola.

Había alguien de pie, mirando también a la luna. La oscuridad lo cubría por completo, aunque me pareció que era Ziram. Me levanté sin pensarlo dos veces. No quería hablar con él, pero esto no podía seguir así. No buscaba una explicación, una disculpa… ni siquiera un hola. Por alguna razón, sólo quería estar con él otra vez.

No pude reaccionar a tiempo. Poco antes de llegar a él, se giró y me agarró del cuello. Y a apretar. Fuerte. Muy fuerte. A los pocos segundos ya ni podía respirar. Forcejeé todo lo que pude para intentar soltarme, pero ese dolor me lo impedía. No conseguía coordinar ni un solo movimiento. Lo único que podía hacer era mirar cómo me estaban estrangulando. Miré a Ziram a los ojos, pero… no eran los suyos. Era él, pero su mirada no. Sus ojos eran rojos, y ni siquiera tenía pupilas. Se movían muy rápido, sin enfocar a nada. Si ya tenía miedo, con esos ojos ya estaba perdida.

-Eres… débil… – Su voz era extraña, no se parecía a la de Ziram. Parecía distorsionada.

-A… Agh… – Por supuesto, no podía hablar. Ni sabía por qué lo intenté.

¿Te crees que mereces estar aquí? ¿Que puedes empuñar mi espada como si tal cosa?

-… – Notaba ya una fuerte presión en la cara. Parecía que los ojos se me iban a saltar como siguiese así.

-No eres digna de ser mi sucesora. Nunca lo serás. Eres patética…

Se me empezó a nublar la vista. Ya ni distinguía lo que tenía delante. Sólo sabía que no iba a pasar de esa noche, y que alguien parecido a Ziram estaba acabando conmigo.

Lo último que pude ver fue a alguien, en lo alto de la torre central. Llevaba una especie de bastón, y algo parecía salir de su espalda. Y un destello azul venía de su rostro, hasta que la luz lo envolvió todo.

—–

-¡Eh! ¿Me oyes? ¡Despierta!

-¿Eh? ¿Z-Ziram?

-Sí, soy yo. Despierta, estabas teniendo una pesadilla.

-¿Era… era un sueño?

Parece que así era. Seguía en la cama todavía. Era de día, hacía calo y Ziram estaba sentado a mi lado, escoba en mano. No parecía el psicópata obsesionado con los espectros de la mañana anterior, sino el chico despreocupado de siempre. Cada vez estaba más confusa, nadie podía cambiar de forma de ser con tanta facilidad.

-Sí. Me levanté y te oí gritar, así que entré. ¿Estás bien?

-S-Sí… gracias.

-Pues venga, te espero abajo, el desayuno está listo.– Se levantó y fue rápidamente hacia la puerta.

-Espera, una cosa…

-¿Sí?

-¿Estoy aquí para sustituir a alguien?

-¿C-Cómo dices…?- Su expresión cambió de par en par. Extrañado, pero también asustado.

-En el sueño, alguien me decía que no era digna de ser su sucesora… ¿Estoy aquí por eso?

-¿Sustituir? Lo dudo mucho. Además, es un sueño, no tienes de qué preocuparte.

-Vale, ahora bajo. Ah, y gracias por el pijama.

-¡De nada! – Y se por el pasillo hasta que dejé de oír sus pasos.

Demasiadas preguntas en mi cabeza, y sólo habían pasado tres días. Ziram me daba cada vez menos confianza, y estaba claro que me ocultaba algo. Tenía la impresión de que no iba a decir nada tan fácilmente… y que quizá necesitaría ayuda.

Pero… ¿en quién podría confiar?

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