El poder de la escoba

-No nos desviemos del tema – Ziram volvió a coger aire y regresó a su forma anterior tan rápido como antes, casi sin darme tiempo a mirarlo. Incluso su voz cambió, aunque antes no me di ni cuenta – Sigamos con la clase.

-¿Qué toca ahora?

-Eh… tu cometido como guardiana. El principal objetivo de un guardián, aparte de las tareas encomendadas, es ocuparse de que ciertas… criaturas no anden sembrando el caos por ahí. Las llamamos espectros, y pueden ser muy pesadas a veces.

-Espectros… ¿son monstruos del más allá o algo así?

-No del todo. Te explico: esa bola luminosa que viste en tu juicio también se usa para captar las almas de los fallecidos y modificarlas en función del resultado que obtuvieron. Cuanto peor resultado tengan, más cambian.

-…

-Sin embargo, de vez en cuando un alma se resiste a pasar por el juicio, quizá por su deseo a seguir viviendo, y se escapa de este “sistema”. Se convierte entonces en un alma aislada que lucha por sobrevivir, un espectro.

-Espera, ¿no dijiste que un alma aislada se consume hasta desaparecer?

-Así es. – Ziram sonrió casi imperceptiblemente. Se alegraba de que le prestase atención, seguro. – Por eso los espectros devoran a otras almas, aisladas o no, para compensar este desgaste. Por eso son tan problemáticos. Deja unos cuantos por ahí y no quedará un alma sana en kilómetros.

-Entonces, nuestro deber es eliminarlos.

-A los peores, sí. Pero no a todos. Existen algunos que no devoran almas, simplemente captan las “partículas” de alma que hay en el ambiente. Otros sufren muy poco desgaste al ser almas sin casi defectos. Y también los hay relativamente pacíficos, aunque desconozco el motivo. Por eso, además de exterminar a los queden problemas, también hay que estudiarlos.

-Por cierto, ¿cómo son los espectros?

-Acompáñame, creo que tengo uno por aquí.

Salimos por la puerta de la cocina a la terraza, donde el sol daba de lleno. Aún hacía calor, incluso más que antes. Ziram tomó la escoba que estaba apoyada en el cristal de la puerta y sacó algo de su bolsillo. Parecía una pelota, aunque casi transparente, con un brillo verdoso.

-¿Para qué es la escoba?

-Ahora lo verás. Da unos cuantos pasos atrás.

Dejó la esfera en el suelo, entre nosotros. Empuñó fuertemente la escoba, la levantó y la descargó con fuerza contra ese objeto, provocando un pequeño estallido con un destello luminoso. Y finalmente, donde estaba la esfera ahora había un gusano de medio metro, hecho de luces brillantes, que se retorcía y buscaba un modo de escapar.

-Bejj…

-Así es un espectro. – Acercó la escoba al gusano y dejó que se enroscase en el palo. Luego lo levantó y me lo acercó, algo que no me parecía del todo bien.

-Oye, no me acerques esa cosa.

-Vamos, es inofensivo. Éste sólo va a por la carroña, no se atreve con almas enteras. Además, tú ya no tienes alma. ¿Qué peligro hay?

No estaba muy convencida. Tener a semejante cosa a centímetros de mi cara no era muy agradable.

-Además… tendrás que acostumbrarte a vivir con estos bichos, o no durarás dos días aquí.

-Ah… qué bien.

-Dime, ¿qué quieres que haga con él? ¿Lo mato o lo devuelvo a la bola?

-¿Ma… Matarlo? – En ese momento me dio miedo. Mucho miedo. Acababa de sacar a esa cosa de la esfera, y en pocos segundos quería matarla delante de mí como si tal cosa. No sabía qué responder. – ¿Por qué vas a matarlo?

-Es un espectro. Se alimenta de las almas, tanto de vivos como de muertos. No tienen ningún propósito en el sistema y sólo lo ponen en peligro. ¿Por qué no iba a hacerlo?

-P-Pero… no te ha hecho nada…

-Pero puede hacerlo. En cuanto este pequeñín crezca un poco, podrá zamparse a cualquiera sin problemas. O lo matamos, o nos matará a nosotros.

-… – Era demasiado. Ziram miraba a esa cosa como si estuviese poseído, como… como si fuese a disfruta haciéndola sufrir. De hecho, hasta el propio gusano se alejaba de él, intentando escapar.

Sí… lo mejor será acabar cuanto antes…– Sacudió la escoba y el gusano cayó al suelo. Rápidamente reptó hasta ponerse detrás de mí, huyendo de Ziram.

-Aunque… quizá sea más apropiado que lo mates tú. Será una buena iniciación.

-¿Y-Yo? – Estaba enloqueciendo por momentos. ¿Cómo iba a matarlo yo?

-Sí. Aprovecha ahora. Ten, te dejo mi escoba. -Me tendió la escoba, ofreciéndomela. Instintivamente la cogí, aunque no sabía qué hacer. Miré hacia atrás. Aquel espectro estaba todavía ahí, encogido, intentando sobrevivir. ¿Tenía yo derecho a acabar con su existencia sólo porque era un peligro?

-…

-…

Me quedé paralizada. No… No me creía que ésta era mi nueva vida. Viviendo sola con un maníaco que no tenía la más mínima duda al acabar con casi cualquier cosa. El decidir así sobre el destino de los demás… No. No podía tomar ese tipo de decisiones. No estaba hecha para ello.

-No… No puedo matarlo.– Le devolví la escoba antes de caer de rodillas derrotada. Estaba totalmente bloqueada. Ziram me miró de forma inexpresiva, como otras veces. Se limitó a sacar otra esfera del bolsillo y a tirársela al gusano, que volvió al interior con otro destello. Tras recogerla y guardarla, dejó la escoba en su sitio y volvió a la cocina.

-…

No entendía nada. Ziram había sido agradable hasta que sacó al espectro. Se volvió alguien diferente. Lo mismo ocurrió cuando me arrebató el alma en la torre.

¿Quién es el verdadero Ziram?

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