Lecciones de la vida

-¿Guardiana de qué?

-Ah, eh… no es tan fácil de explicar. Básicamente eres mi aprendiz. Te enseñaré a qué me dedico y me ayudarás cuando sea necesario.

-¿Y por qué? Quiero decir… ¿A qué viene esto?

-A que ésta es la única forma que tienes de recuperar tu alma. Si haces bien tu trabajo, te la devolveré poco a poco hasta que sea tuya de nuevo y puedas hacer lo que quieras sin el impedimento que soy yo.

-¿Impedimento?

-Sí. Mientras yo tenga tu alma, todas tus emociones, sentimientos, reacciones, etcétera pasará primero por mí y luego te afectarán a ti.

Entonces él supo lo del dolor del pecho de antes aunque yo no se lo dijera… él también sintió mi miedo y mi dolor de aquel momento…

De todos modos, no creas que voy a sentir lo que tú sientas, yo tengo mi propia alma y prevalece ante una… prestada. Simplemente no podrás ocultarme nada.

¿Por qué? ¿Por qué siempre se me adelantaba y sabía lo que tenía en mente?

-En fin, empecemos por lo más básico. Toma asiento.

-¿Vamos a dar la clase en la cocina?

-Podemos ir a otro sitio, si quieres, pero usar el aula para una persona… me parece un poco ridículo.

-No, no… Aquí vale.

-Bien – Mientras yo tomé una de las sillas de la cocina, él sacó un cuaderno negro, pequeño y desgastado, y empezó a hojearlo sin mucho interés.


En primer lugar, debes saber que todo ser vivo se compone de tres partes que están en equilibrio: cuerpo, mente y alma. El cuerpo es… bueno, el cuerpo. Está hecho de átomos, células, órganos… y es lo que hace que un ser vivo nazca, crezca, se reproduzca… y finalmente muere. Digamos que es la parte física y material de un ser vivo.

La mente engloba toda la información que ese ser vivo posee. Todos sus recuerdos, conocimientos, habilidades, datos… todo eso constituye la mente. Es el componente más inestable, ya que si ese ser vivo muere, toda su mente se esfuma. Como tus recuerdos cuando llegaste aquí. Hasta que no se te “estabilizó” al entregarme tu alma, tus recuerdos se desvanecieron poco a poco desde el momento de tu muerte. También es el componente que más fácil se crea, ya que cualquiera puede imaginarse e inventarse cosas. Se concentra principalmente en el cerebro o similar del ser vivo, aunque no es el único sitio.

En cuanto al alma, es el componente del que menos información tenemos. Sabemos que en ella residen las emociones y sentimientos de una persona, así como la actitud y el modo de vivir de dicho ser. Su personalidad, en otras palabras. Si eres alguien agresivo, amable, temeroso… eso depende del alma que tengas. No desaparece tan fácilmente como la mente, aunque si está aislada se va degradando poco a poco. De hecho, tanto mente como alma existen en gran medida gracias al cuerpo, que impide que desaparezcan.


-…– No sabía qué decir. Todo aquello era tan extraño… sólo podía escuchar a Ziram.

-¿Sigues ahí?

-¿Eh? Sí, sí, te escucho.

-Me da que contigo funcionarán mucho mejor las lecciones prácticas… Ten, ponte esto.

Me lanzó unas gafas. Pude ver que eran similares a unas gafas de buceo, aunque parecían distintas.

-¿Gafas de buceo? ¿Por qué?

-Póntelas, te abrirán los ojos.

Lo hice. Nada más colocarme las gafas, mi visión cambió por completo. Veía la misma cocina, a Ziram… pero diferente. Todo tenía un extraño brillo rojo, no muy fuerte. Algunas cosas, como el horno o el frigorífico, tenían además algo azulado, y lo mismo les pasaba a mis manos. En cuanto a Ziram, una luz verde intenso partía de su pecho, como si saliese de su corazón. ¿Qué era todo eso?

-Impresionante, ¿eh? Ahora estás viendo las cosas como realmente son. Cualquier cosa material se verá rojiza. Cualquier cosa que tenga algo de información, como una máquina, se verá azul.

-Entonces eso verde es… ¿tu alma?

-Nuestras. La tuya y la mía. Mientras la recuperes, yo cargaré con las dos. Por eso tú no tienes la luz verde pero yo sí.

Observé algo más. Me costó algo distinguirlo, pero dentro de la luz verde había un punto diminuto. Me levanté y me acerqué a Ziram para verlo mejor. Era una especie de bola, no más grande que una pelota de tenis, de color azul oscuro. No brillaba. Simplemente estaba ahí.

-No es por interrumpirte, pero…

Me quité las gafas y volví a la realidad. Me había acercado tanto a él que prácticamente estaba encima de él. Me miraba, desde arriba, algo sorprendido. No tardé mucho en darme cuenta de qué había hecho.

-Lo… lo siento, yo…– Empecé a enrojecerme a velocidades increíbles. ¿Cómo podía haberme abalanzado sobre él de ese modo?

-Tranquila, es comprensible. Ibas tras una bola azulada, ¿verdad?

-Pues… sí… ¿Qué era? – Volví a sentarme en la silla, intentando pensar que eso no había ocurrido.

-Verás, normalmente cuerpo, mente y alma no aguantan juntos por sí solos, tarde o temprano alguno de ellos es consumido por los demás. Por eso, en el caso de seres humanos hay una cuarta parte, un elemento estabilizador que impide que el resto haga ¡puf! Lo llamamos núcleo.

-Núcleo…

-Hay varios tipos de núcleo, cada uno con un color. Además de estabilizar al ser vivo, su se usa correctamente el núcleo otorga ciertas… habilidades.

-¿Por ejemplo?

-Eso depende del núcleo. Pero por ponerte un caso… el robot de ayer, tan grande, se paró porque tú se lo dijiste. Corrijo, tu núcleo se lo dijo. En un momento de tanta tensión se activó de forma inconsciente y pudiste pararlo.

-Entonces mi núcleo es… ¿de las máquinas?

-Impresionante. Yo tardé un par de horas en llegar a esa conclusión. En efecto, tu núcleo parece afectar a las máquinas. De hecho, creo que en un tiempo podrías poner en marcha el microondas con sólo pensarlo.

-¿Lo dices en serio? Me resulta difícil de creer…

No sabía si era cierto o no, aunque eso explicaría lo que aquel robot. Estaba viendo muchas cosas raras, pero eso…

-¿Y el tuyo? ¿Qué hace?

-El mío… je je… es… un poco embarazoso… – Parecía que le daba vergüenza hablar de eso. En seguida le subieron los colores y empezó a sudar.

-Vamos, no será tan horrible como controlar una lavadora a distancia.

-Bueno, pero no te rías.

-Vale.

Cerró los ojos y cogió aire varias veces, soltándolo de golpe. Y en pocos segundos, el Ziram que conocía se fue. Su pelo creció, sus rasgos cambiaron, su cuerpo se modificó ligeramente… y acabó convirtiéndose en una mujer.

-…

-Eh… ¿qué?… – No sabía qué decir.

-Bueno, di algo… – La vergüenza aún se notaba en su cara, toda roja. Era muy parecido a como era antes, pero… en versión femenina. La ropa disimulaba sus demás rasgos, pero se veía perfectamente que era una mujer.

-Guau… ¡Cómo mola!

-¿De verdad? ¿Te gusta?

-¡Es increíble! Incluso me das algo de envidia…

-Anda ya…

-¡Mírate! ¡Tienes un cuerpo increíble!

-… Gracias.

Había visto muchas cosas extrañas desde que llegué… pero me estaba gustando este mundo cada vez más.

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