El comienzo

Aquella noche una tormenta estaba asolando la ciudad. Llevaba así casi todo el día, y no parecía que fuese a parar fácilmente. Las nubes habían oscurecido el cielo del todo, provocando una oscuridad casi perpetua. Esa misma noche hubo jaleo en los barrios bajos. Se escuchó una gran cantidad de disparos, golpes e incluso alguna que otra explosión. El lugar no podía ser otro que el salón de variedades del barrio, donde los más pudientes se reunían para negociar o aliviar tensiones tras un día de trabajos de dudosa legalidad. Sin embargo nadie, o casi nadie, habrían pensado que las cosas iban a cambiar pronto.

El conflicto comenzó con la llegada de los tres líderes de la zona al salón, donde iba a cerrarse un negocio que implicaba ciertos… artefactos, más exactamente armas. En concreto tres, una por cada líder, procedentes del dueño del local. Estaban encerrados en arcones para su seguridad y transporte, así como para que nadie supiese lo que había dentro.

La reunión y la entrega comenzaron como estaba planeado, sin que el personal del local sospechase lo más mínimo, a excepción de uno de ellos que empezaba a notar que las cosas no encajaban del todo. Esta oveja descarriada era Ben, un friegasuelos que se crió en el salón desde crío y que llegó a ser consciente de la verdad tras aquel lugar y los lavados de cerebro a quienes allí vivían y trabajaban. Fugado de casa a una muy temprana edad, Ben empezó una nueva vida trabajando en aquel lugar, a pesar de que nunca era recompensado.

Desde que entró, Ben sólo tenía ojos para Eva, la principal bailarina del salón y la más solicitada por su gran talento. También era la favorita de los líderes, lo cual la hacía gozar de ciertos privilegios, si bien apenas se aprovechaba de su posición. Eva sólo veía a Ben como un buen amigo, ya que no compartía su opinión de que estaban allí retenidos contra su voluntad y que hubiese algo más grande y oscuro tras las puertas de la sala de reuniones. A pesar de ello lo tenía en gran estima por su ingenio y su carácter lanzado cuando se requería, además de que ambos se conocían de críos.

Durante los últimos días antes del incidente, Ben había empezado a investigar qué había dentro de aquellos arcones. Con frecuencia se dejaba llevar por sus intuiciones y llegaba a conclusiones realmente absurdas que nadie tenía en cuenta hasta que, por alguna razón, eran ciertas. Por eso Eva, aunque sabía que el plan de Ben era una locura, creía que algo iba a cambiar por una vez.

El plan era sencillo: fugarse del salón y empezar una nueva vida. Para ello aprovecharían que todo el personal estaría ocupado con los tres líderes y que el despacho del dueño, donde guardaban esos arcones, estaría vacío. Así, mientras Eva los mantenía ocupados el tiempo suficiente, Ben se colaría y robaría alguno de esos extraños artefactos para tener una oportunidad más de escapar. Entrar fue fácil, lo que costó más fue abrir los arcones. Cada uno de ellos tenía una cerradura de combinación, imposible de forzar, por lo que averiguar la combinación correcta llevaría más tiempo de lo disponible.

El primer arcón contenía un estuche alargado con un par de revólveres de cañón ancho. No había munición alguna ni cargadores de ningún tipo, por lo que Ben intuyó que no la necesitaba. Eran relativamente ligeros y muy manejables, y estaban decorados con líneas de color naranja. En cuanto al estuche, parecía una enorme caja con una correa unida a un cinturón, el cual ajustaba perfectamente. Sin pensarlo dos veces, se colocó el estuche, guardó los revólveres y se dispuso a abrir el segundo arcón.

Averiguar la combinación le llevó algo más de tiempo que antes, y temía que Eva no pudiese contenerlos lo suficiente. Sin embargo, sabía que los nervios no ayudarían en una situación así, de modo que intentó controlarse todo lo que pudo. En el segundo encontró una espada, de hoja muy ancha y mango corto, de poco más de medio metro de longitud. La hoja tenía varios agujeros y un solo filo, además de varias pistas de color rojo. Venía acompañada por la vaina, abierta por ambos extremos, y también acoplada a un cinturón. Pesaba bastante más que los revólveres y se manejaba mucho peor. Consideró el dársela a Eva, aunque no estaba muy seguro de si era una buena idea.

Ben imaginaba que ya no le podía quedar mucho más tiempo, pero se atrevió a probar con el tercer arcón. Algo le daba confianza, quizá fuese tener ya dos de esas armas en su poder. A pesar de eso, nada impidió que el dueño se levantase de su sillón, regresar a su despacho y pillarlo con las manos en la masa.

-Veo que a alguien le gusta meterse donde no le llaman.

Instintivamente, Ben dejó de intentar abrir el arcón y empuñó uno de los revólveres. Acto seguido, se levantó apuntó a su jefe y padre adoptivo.

-No lo haría si no me dieses motivos.

-Vamos, vamos… deja eso. No sabes ni qué es ni cómo funciona…

-¿Apretar el gatillo y ya?

-Hazlo si quieres, no funcionará…

-¿Cómo que no funcionará?

-Esas armas están diseñadas para que sólo un determinado tipo de personas puedan usarlas. El odio y la venganza deben correr por sus venas para que puedan hacer algo. Además… hay que tener algo especial… y me temo que tú no lo tienes.

Ben empezó a enfadarse. Esa actitud arrogante le hizo recordar todo por lo que había pasado. Tras tantos años, ni un trato amable, ni un mísero apoyo, siempre trabajando. Tuvo que aprender a vivir por las malas, y sólo podía agachar la cabeza y aceptar lo que él mismo había escogido…

-En fin, acabemos con esto.

Varios hombres grandes como armarios aparecieron detrás del dueño del local. Sin duda era su equipo de seguridad, dispuestos a callar a Ben a golpes si era preciso. No venían solos. Dos de ellos estaban sujetando a Eva, que se retorcía sin resultado.

-¡Eva! ¡Suéltala!

-¿Te crees que no nos daríamos cuenta de vuestro plan? ¿No te pareció sospechoso que la puerta del despacho estuviese abierta con tales objetos detrás?

Se enfadó más todavía. Todavía empuñaba el revólver, esta vez con más fuerza. Dudaba sobre si disparar, pero motivos no le faltaban. Lo único que tenía en la cabeza era salvar a Eva y escapar los dos de allí, a cualquier precio. Incluso si debía convertirse en un asesino… lo haría por ella.

-Tú… ¡Tú…!

El dueño se acercó a Eva para verla más de cerca.

-Eva, has sido importantísima para que este negocio se levantase… – acercó su mano a su rostro – una pena que tengamos que acabar con vosotros…

La cara de los guardias cambió. Estaban asombrados, quizá incluso tenían miedo.

-NO… LA… ¡TOQUES!

Ben estaba encendido. Apretaba los dientas y su mirada era más propia de una bestia que de una persona. Sus ojos habían tomado un color cobrizo, casi naranja. Y ambos revólveres, ya desenfundados, empezaron a brillar.

-¿C-Cómo estás…? ¡No! ¡No es posible! ¡Vosotros, acabad con él antes de que todo esto vuele por los aires!

Pero no pudieron. El miedo les impedía reaccionar. Lo único que podían hacer era ver a Ben. Había puesto los brazos en cruz, y miraba hacia abajo. Los revólveres brillaban cada vez más, como si fuesen a explotar.

-¡No puede ser cierto!

Una explosión sacudió todo el barrio, rompiendo cristales por doquier. Varias llamaradas salieron del despacho, ahora incendiado, y consumieron a quien estuviese por delante. Los guardias estaban carbonizados. El dueño estaba también muy mal, pero seguía vivo. Eva y Ben estaban ilesos, lo cual era casi un milagro. Ben se dirigió a su agonizante jefe, mirándolo con desprecio.

-…– Tenía ganas de rematarlo y hacerle pagar por todo. Pero no pudo evitar regresar con quien había salvado.

-¡Ben! – Eva se lanzó sobre él y lo abrazó. Estaba temblando.- ¿Qué ha sido eso?

-… – Aún estaba en shock. No se imaginaba que él hubiese hecho todo eso. ¿Era cosa de aquellas armas o era él?

¡Ben, tenemos que irnos!

-¿Eh?-volvió en sí – ¡Espera! Ten, por si hay problemas – le pasó la vaina con la espada.

-¿Quieres que yo… pelee?

-Sí. Tenemos que protegernos el uno al otro, como hemos hecho siempre.

Se cogieron de la mano, haciéndose la promesa de que siempre estarían ahí, para ayudar al otro. Siempre.

-¡Vamos, hay que salir de aquí!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s