Cambios y revelaciones

-…

Ninguno quería decir nada.

-…

Ya era hora de partir. El juicio había concluido con mi veredicto, y debía obedecer. En pocos instantes, Ziram haría su trabajo y me eliminaría de este mundo.  No me importaba lo que me esperaba después, ya no existiría. No fue fácil asimilar mi desastrosa vida, de la que apenas me acordaba, y saber que en el fondo no tenía ninguna razón para vivir, según mis jueces.

Ziram tampoco parecía nada conforme. Desde que nos despedimos de Manne apenas cruzamos palabra en el camino de vuelta a su casa. Noté que estaba más enfadado de lo normal: apretaba los puños, fruncía el ceño cada dos por tres y resoplaba. No entendía el por qué de esa reacción, ya que Ziram y yo nos conocimos ese mismo día. Aunque después de todo lo que había averiguado hasta entonces… quizá hubiese algo más gordo detrás. Sinceramente, me preocupaba más cómo iba a quedar Ziram después de esto.

En seguida llegamos a una de las torres laterales, al lado de aquellas extrañas plantas, y subimos arriba del todo. Nos sentamos en el borde de la torre y allí esperamos al amanecer, totalmente callados. No hacía falta hablar. Me entraron ganas de llorar varias veces, y estoy segura de que a él también.

Cuando ya se vislumbraba el sol, se levantó, se metió en la torre y me esperó de pie a que yo hiciese lo mismo. Parecía mentira que íbamos a despedirnos igual que nos conocimos, solos, de improvisto. Su mirada era ahora fría e inexpresiva. A pesar de lo que le costaba, se esforzaba en hacer su trabajo. Pero, por otro lado… sabría las complicaciones que eso tendría. Sin dejar de mirarme, levantó su mano izquierda y la extendió abierta hacia mí. Cerró los ojos, quizá para concentrarse, y los abrió de nuevo: ya no eran negros, sino de color añil brillante. Casi al mismo tiempo, empezó a caer nieve, pero los copos eran oscuros y revoloteaban a nuestro alrededor.

En seguida empezó a dibujar algo en el aire con el dedo, dejando un rastro de un hilo del mismo color que sus ojos. Dibujó dos símbolos iguales, uno volteado respecto al otro. Cuando paró, los dibujos se entrelazaron y empezaron a crecer hasta lograr un tamaño considerable. Ziram no parpadeó ni una vez mientras hacía esto, aunque parecía que estaba en trance más que concentrándose.

Un gran ruido se escuchó después. La torre se había derrumbado sin más, dejándonos a los dos en una plataforma suspendida, dentro de una gran ventisca de aquella nieve. Supe que todo eso era obra suya, si bien nunca pensé que pudiese hacer algo así. Me asusté un poco cuando ese espectáculo empezó, pero empezaba a acostumbrarme.

-¿Una última voluntad?

No tenía ni idea de qué hacer. Cualquiera habría intentado salvarse, pero ni yo quería ni Ziram lo permitiría tan fácilmente. Había muchas cosas que quería saber de todo ese extraño mundo… pero por alguna razón, fui a lo que me pareció más intrigante:

-Sí… ¿qué hay entre Manne y tú?

No era ni el momento ni el lugar para aquella pregunta. Pero la solté. Después de ver el juicio, el paseo por la ciudad y de charlar un poco con ambos, me pregunté qué tipo de relación tenían. ¿Amistad? ¿Pareja? ¿Acoso tal vez?

-Eh… esto…

Pareció desconcentrarse ante eso. Normal. Él, en su apoteósico final, todo preparado, y yo preguntando como una cotilla sobre su relación con Manne. Algo  así desarmaría a cualquiera. Cuando volvió a reaccionar, ya no parecía enfocado en su labor. Miraba hacia abajo y se reía. Como otras veces.

En todo el tiempo que llevo en esto, nadie había hecho una pregunta tan… indescriptible. Pero como me has caído bien… te responderé.

-… – No me lo creía. ¿En serio iba a decirme la verdad? ¿Así de buenas?

-Digamos que con Manne empezó todo. Ella fue la primera… de ambos. De Molger y de mí.

-(¿Se está refiriendo a lo que yo creo?)

-Molger le dio un objetivo en la vida, por eso trabaja para él. Yo le di una segunda oportunidad para salvarse, por eso está tan pesada conmigo.

Recordé lo que me dijo Manne en el juicio, que había sacado un 1 en la prueba de la máquina. Y a pesar de ello, aquí seguía, ahora de jueza. Supongo que el destino es así de impredecible…


¡Un momento! ¡Eso era! ¡Manne estuvo en mi misma situación, y se salvó! ¡Tenía que indagar en eso!

-¿Qué has dicho de una segunda oportunidad? – Y de nuevo, Ziram se puso bien rojo. Quizá había dicho algo que no debía… –Cuéntame más…

-L-Lo siento, pero ya has hecho…

-Oye, escúchame – Me acerqué a él, le aparté la mano y se acerqué hasta chocarme casi con él – O me dices de qué se trata o te juro que vuelvo de allá donde me mandes y personalmente te daré una patada en el culo, ¿vale?

Fue algo realmente inconsciente, pero ya no tenía nada que perder…

-Eh… – tras unos segundos de nerviosismo, suspiró y se accedió – Está bien, tú ganas. – Todo empezó a volver a su estado habitual. El dibujo desapareció, la ventisca se fue y la torre se reconstruyó en pocos segundos. Algo me decía que Ziram se estaba saltando muchas reglas al hacer eso. Volvió al borde de la torre donde estábamos, y se sentó. –Sienta, anda.

-…-Aún me temblaban las piernas de la emoción… Hace unos minutos estaba condenada a desaparecer, y ahora por una pregunta estúpida todo estaba patas arriba.

-Supongo que a Manne no le importará que te cuente esto… Como ya sabrás, Manne estuvo en la misma situación que tú. El juicio había sido desfavorable y as reglas dictaban que debía desaparecer. Hasta ese momento Molger y yo nos habíamos limitado a obedecer a la máquina, pero esa vez fue especial. Manne estaba desesperada. Había algo que debía haber hecho en vida pero que, por alguna razón, no pudo. Pero ella quería. Y Molger la veía tan mal que me pidió que tomase su lugar, a pesar de que él era el juez que Manne había elegido.

-… (¿Qué era eso que tan desesperadamente quería hacer?)

-No puedo revelarte los detalles ya que es algo muy privado, pero acabé ayudándola. Al final, ella quería agradecerme el gesto que tuve, pero no tenía nada que ofrecerme salvo… a ella misma.

-¡…! (Entonces ellos dos…)

-No me refiero a eso, malpensada. En ese momento me surgió la duda de cómo alguien, incluso fallecida, podía sacrificarse con tal de cumplir una misión personal podía haber sacado un 1. A partir de ese momento decidimos hacer dos juicios, ya que el automático podría no ser del todo cierto, cosa que habíamos supuesto.

-…

-Pero, por otro lado… había algo que me interesaba en ella. Algo me picó la curiosidad. Nunca había entendido bien como es realmente una persona más allá de su apariencia, su cuerpo o lo que sepa. Algo tan complejo como es una emoción, la forma de ser y actuar ante la vida… me intrigaba mucho. Así que, no sin dificultad, le pedí a Manne que me dejase estudiarla. A su alma, me refiero. Podría decirse que, para hacer eso que tanto deseaba, me regaló su alma.

-Entonces… ¿fue como hacer un pacto con el diablo? ¿Vender tu alma a cambio de lo que más quieres?

Ziram me miró con mala uva. Le había llamado diablo a la cara.

-Eso es un rumor que extendió la gente cuando alguien se fue de la lengua, nada más. -Pero no pudo evitar mirar para otro lado.-Pero básicamente es eso, sí.

-Interesante… ¿cómo sigue?

-Bueno, al ser mía el alma de Manne, ya no podía hacerla desaparecer por completo, así que dejamos que se quedase con nosotros y nos ayudase en nuestras labores. En ese momento este sitio estaba en un estado mucho peor, así que se fue a vivir con Molger a una ciudad que estaba montando. Y con el tiempo, nos fue ayudando más y más… hasta convertirse en jueza, como nosotros. Además, hicimos muy buenas migas con ella.

-Ya se nota, ya… -No pude evitarlo. –Y eso del pacto… ¿funcionaría conmigo?

Me miró con su típica mirada de “ya estabas tardando”.

-Podría, pero… ¿tú deseas algo?

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