Tic-Tac

Mi vida estaba acabada. Peor, ni siquiera seguía viva y mi destino era horrible. Mi juicio ha salido de pena: tanto la máquina como Molger y Ziram han llegado a la conclusión de que he sido un fracaso como persona y que no debería haber existido jamás. ¿Cómo iba a poder seguir adelante sabiendo eso?

Desde que entré en la sala tras el juicio y vi a Ziram, me senté en el suelo y agaché la cabeza todo lo que pude, intentando evadirme de esa basura de situación. Sería inútil, pero no se me ocurría nada más. Él no dijo nada, quizá porque cualquier cosa empeoraría la situación. Quise preguntarle qué iba a suceder, qué iba a ser de mí… pero me di cuenta de que era algo bastante estúpido. Me imaginaba que me exterminaría tal y como pensaba hacer cuando se lo pedí.

-Oye…

Note una mano sobre mi hombro y levanté la cabeza por instinto. Ziram se había sentado en el suelo, conmigo. Pensé que iba a consolarme o a intentar algo parecido.

-Mira, tú y yo sabemos cómo va a acabar esto, ¿verdad? Bueno, pues… hasta que eso pase, ¿qué te parece si damos una vuelta por ahí?

No lo comprendía. ¿Cómo podía estar tan tranquilo sabiendo que tenía que acabar conmigo? ¿Después de haber visto mi miserable vida todavía quería estar conmigo?

-…

-Como te vas a ir dentro de poco, quiero que al menos tengas unos últimos momentos felices. ¿Qué me dices?

Lo observé por un momento. Le temblaban las manos, y estaba algo nervioso. Al fin y al cabo, se estaba esforzando en que fuese feliz aunque sólo fuese un rato.

-Vale – Me levanté en seguida. Pude ver su cara de felicidad en cuanto lo dije.- ¿Qué tenías pensado?

-Se me ocurre… que podríamos ir a la ciudad de Molger.

-¿Ciudad? ¿Molger tiene una ciudad?

-Podría llamarse así. ¿Vamos?

Estaba intrigada. ¿Cómo podía Molger tener una ciudad? Ziram me hizo una señal para que fuese a su lado. Sacó el engranaje, lo apretó y en seguida salió la nube negra que servía de transporte. Aún no me hacía a esa sensación, aunque cada vez era menos incómodo. En pocos segundos volvimos a tocar el suelo y el humo se desvaneció, dejado ver el paisaje.

Era increíble.

Habíamos acabado en una plaza ajardinada de la que partían varias calles. Múltiples edificios, de aspecto surrealista, subían hasta donde alcanzaba la vista. La gente andaba tranquilamente por la zona. Algunos árboles de formas y colores muy extraños decoraban el paisaje. Había luces flotando por el cielo, como si fuesen estrellas, iluminando cada rincón. Jamás había visto nada así.

-Esto es…

-Sorprendida, ¿eh?

-Y… ¿todo esto es de Molger?

-Bueno, es quien está al mando aquí… aunque muy poca gente lo sabe.

-¿Quién es toda la gente que hay por aquí? – pregunte mientras comenzamos a caminar.

-Personas que han pasado por lo mismo que tú. Después de morir, cada una fue juzgada y, si tuvieron un buen resultado, consiguieron aquí un hogar hasta… bueno, en principio es para siempre.

-¿Entonces esto es… un paraíso o algo así?

-Si lo quieres ver así…

Nunca pensé que alguien pudiese dedicarse a eso, a buscar un hogar para los que ya no están. Siempre pensé que con la muerte se acababa todo… pero no era así.

-Oye, Ziram, ¿la gente de aquí sabe que están…?

-No. Para evitar preocupaciones innecesarias y cosas por el estilo, casi nadie sabe su situación real. Molger pensó que de ese modo la gente viviría mucho más feliz. Yo, por otro lado… bueno, pienso algo diferente.

-…

-No tengo ningún problema en revelarles la verdad. Algunos lo aguantan y otros se derrumban. Yo confío en que la persona que se mantenga fuerte tras conocer semejante verdad es la que realmente merece vivir más tiempo. Aunque quizá por eso mi casa está tan vacía…

Curiosa forma de pensar la de esos dos. Uno ocultaba la verdad para quedarse con todos, otro sólo se quedaba con los que pudiesen soportarla. Eran tan diferentes como el día y la noche. Quizá esa era la fuente de su rivalidad, de ese pique constante.

-Has dicho casi nadie. ¿Quiénes lo saben?

Me devolvió una mirada extrañado, con una sonrisita.

-Vaya, no se te escapa una. Los pocos que saben que ya no están vivos son los que realmente no necesitan vivir.

Me perdí por completo.

-Perdona, te estaba tomando el pelo. Sólo saben la verdad quienes trabajan buscando nueva gente, vigilando que no haya problemas… como si de unos guardias se tratase. Una vez que se llega aquí no hay mucho más que perder, así que pueden dedicarse al máximo a su tarea.

-Ya veo…

Estuvimos andando un buen rato más, hasta que casi se hizo de noche. Aquellas luces alumbraban cada vez menos, dando a la ciudad un aspecto completamente diferente a cuando llegamos. La gente parecía feliz. No había peleas ni discusiones, se ayudaban entre sí… ¿Esto era lo que me ofrecía Molger? ¿Una… una vida feliz?

¿Hice bien escogiendo a Ziram?

-Ziram… ¿falta mucho?

Lo miré buscando respuesta, aunque en su lugar me encontré una persona deprimida. Sabía que se acercaba la hora de despedirnos.

Ninguno sabía qué decir.

-¡Mira a quién tenemos aquí!

Escuché una voz a nuestras espaldas. Una voz inconfundible. La de Manne, tan alegre como siempre. A diferencia de hace unas horas, llevaba una blusa, una falda no muy larga y unas sandalias. Y llevaba el pelo recogido en una coleta. Muy diferente al momento del juicio.

-Vaya, vaya… ¿qué os trae por aquí?

Dejé que Ziram hablase, me apetecía disfrutar de sus entretenidas charlas en las que él no podía hacer otra cosa que seguirla el juego.

-Hemos venido a dar una vuelta y que conozca esto. ¿Y tú? ¿A qué vienen esas bolsas?

Cierto, Manne cargaba con unas cuantas bolsas, como si acabase de ir de compras.

-¿Esto? Bueno, cosillas para mí… y puede que haya algún regalito para ti…

-… – Ziram se puso rojo como un tomate. Era increíble cómo Manne hacía que reaccionase de forma tan diferente a como solía ser.

-Por cierto, ¿crees que podrías pasarte luego por casa y… discutimos algunos asuntos pendientes? – Por su tono, la hora que era y cómo le jugueteaba con el dedo en su pecho, ya intuía de qué “asuntos pendientes” estaba hablando. Preferí mantenerme al margen, para poder ver el espectáculo sin problemas. Y el pobre Ziram no podía hacer otra cosa que estar callado, sudar y ponerse más y más rojo.

-Bueno, no os entretengo más. Y a ti te veré luego… ¡Adiós! – Y se fue tan alegre como vino.

Un encuentro muy revelador. Sabía que no me quedaba mucho tiempo, así que aproveché para picar a Ziram por última vez:

-Así que… asuntos pendientes, ¿eh? Muy interesante…

-No quiero oír ni una palabra, ¿vale? – Aún seguía sonrojado, aunque intentaba ocultarlo agachando la cabeza y sin mirarme mucho. Me encantaba verlo así, tan… tan humano. – (Tenía que aparecer justo ahora…)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s