¿Culpable?

-Espero que estés de broma.

Contemplé aquella cosa bamboleante que Ziram sujetaba. ¿Eso era yo? No sabía cómo. Lo único que veía era un hilo de unos veinte centímetros que luchaba por escapar de su mano.

-Para nada. Esta es tu línea de la vida, la cual recoge todos los acontecimientos que te han sucedido, incluso las múltiples reencarnaciones que hayas tenido. Impresionante como tal cantidad de información puede estar en algo tan simple, ¿verdad?

-Espera un momento, ¿reencarnaciones?

-Exacto. La línea se subdivide una vez en cada nacimiento. Como la tuya tiene dos, has tenido una vida pasada. Aunque…-empezó a examinar la línea con detenimiento.

-¿Sí?

-Cada fragmento es de un color… extraño. Al parecer tu antigua tú tenía poco o nada que ver contigo. Es algo muy infrecuente; normalmente la gente al volver a nacer sigue siendo del mismo modo.

¿Qué querría decir? No era tan raro que un antepasado mío fuese diferente a mí…

-En fin, no demoremos esto más. Comencemos el juicio. Manne, ¿me dejas el…?

La ayudante echó un vistazo a su maletín y sacó un engranaje muy parecido al de Ziram. Seguidamente, y sin levantarse, se lo lanzó.

-Claro. Ahí va.

-Gracias – dijo mientras lo pillaba al vuelo. En pocos segundos empezó a trastear con él e introdujo mi línea en su interior. Después lo dejó en un hueco de la mesa, y se sentó de nuevo a esperar, mientras aquel aparato daba vueltas más y más deprisa.

-¿Qué es eso? – pregunté.

-Un analizador de líneas.- Manne me respondió rápidamente – Simula el juicio que se realizaría de forma automática, y así obtenemos un primer resultado. No es definitivo, sin embargo. Nosotros pensamos de forma muy diferente a la máquina.

Pasaron unos minutos hasta que el engranaje se detuvo y emitió un ruido, similar al de un microondas cuando ya ha acabado.

-Veamos qué ha salido… – Ziram se levantó a por él, y lo observó de nuevo. Extrajo la línea con cuidado y la arrojó de nuevo a la esfera luminosa, donde empezó a moverse con las demás.-Oh…

-¿Q-Qué ocurre?

-Parece que esto no es capaz de dar un resultado concreto. Varía entre 0 y 1.

-¿Y eso qué significa?

-3, eres un ejemplo a seguir para otras personas. 2, te has entregado a los demás, pero aún hay cosas que pulir. 1, la vida te ha sido adversa, en parte por tu culpa. 0, no deberías haber puesto un pie en este mundo.– Molger recitaba cada frase se memoria, mirando hacia abajo con las manos en la barbilla y una expresión preocupada.

-E-Entonces… yo… yo… – empecé a llorar. Ya tenía sospechas de que mi vida fue una basura, pero ahora estaba confirmado. Lo único que había logrado en mi vida era una enorme lista de fracasos y sufrimientos… con razón me quité la vida.

-¡Molger, no la asustes así! – Manne se levantó y fue hacia mi sillón, y se arrodilló para tenerme cara a cara – Te recuerdo que tú no has sido un ejemplo de vida perfecta, y mírate.

Sólo digo que los números significan eso.

-No te preocupes, el juicio de la máquina es muy aséptico… es muy difícil obtener incluso un 2. -dijo tomándome la mano – Mira, ahora vamos a juzgar nosotros, pero si quieres me quedo contigo fuera, ¿vale?

-Manne, las normas son… -Ziram intervino, aunque se le interrumpió en seguida.

-¡Las normas no lo son todo! Vosotros ni siquiera habéis pasado el juicio, así que no tenéis mucho que decir. – En su tono se veía que se estaba enfadando. Me apretaba la mano con más fuerza, como si ella hubiese pasado por la misma situación que yo.- ¿Qué me dices? ¿Nos vamos a dar una vuelta por la casa del barrendero?

-¡Manne!

-D-De acuerdo… – acabé de secarme las lágrimas y tras levantarme me fui con ella fuera de la sala. Finalmente, cerró las puertas para que el juicio siguiese.

-¿Estás bien?

-No… No lo sé… – Me apoyé en la pared del pasillo, intentando aclarar mis pensamientos.- Todo esto está yendo muy rápido… y ya no sé qué pensar.

-Te entiendo perfectamente. Yo… yo pasé por esto hace unos años y aún recuerdo ese momento como si fuese ayer.– también se apoyó en la pared.

-¿Quién te juzgó?

-Molger. Los únicos jueces de aquella época eran él, que fue su primera vez, y Ziram, que no hizo nada en todo el proceso. Saqué un 1… y Ziram propuso tomarlo como resultado definitivo, ya que según su criterio el segundo juicio no sería imparcial. Yo me sentía fatal… Molger hizo todo lo posible por levantarme el ánimo, pero no se lo puse nada fácil.

-¿Y por qué no se hace el juicio automático al final?

-Pues… por Ziram. Es la única persona que puede manejar la máquina, y si tuviese que hacerlo después de juzgar… podría manipular los resultados inconscientemente en un intento de compasión. Además, después de revisar la vida de una persona un decidir qué va a ser de ella… no hay ganas de remover más el pasado.

-Ya… ¿tan duro es ser juez?

-Mucho. Apenas tenemos trabajo desde que el proceso se automatizó, pero realmente lo pasamos fatal cuando nos toca exterminar a alguien. Además, casi nadie quiere hacerse cargo de esto, así que el cargo dura muchísimo tiempo.

-¿Cuánto llevan Molger y Ziram? Se les ve muy puestos en el tema…

-Lógico, llevan en esto toda su vida. Ellos mismos crearon este sistema de juicios cuando empezaron el “negocio”. Se esforzaron mucho en prepararlo todo, por eso no suelen desviarse de sus propias directrices.

-Ya…

-De todos modos, este juicio es diferente.

En ese momento recordé lo que me dijo Ziram. “Fuiste elegida” Entre eso y que mi llegada significaba algo para él… me costaba imaginar que todo esto era parte de un plan urdido por Ziram. No, no podía ser. Era algo tan retorcido y complejo que resultaría imposible incluso para él.

No sé si debería, pero… ¿por qué?

Manne me miró de forma extraña, sonriendo. Después, sacudió la cabeza.

-Eso no me corresponde a mí. Al fin y al cabo, sólo soy la ayudante de Molger.

¿Qué habría querido decir? Me preguntaba si ella estaba en el ajo o sólo se limitaba a cumplir su labor. Esta gente es tan cerrada…

-En fin, no tardará mucho en acabar. Son bastante rápidos en esto.

Efectivamente, ya habían acabado. Desde fuera podía oírse el ruido de la compuerta al abrirse de nuevo y aquella máquina luminosa, al subir al techo. Molger abrió las puertas, cargando con el maletín de Manne, y tras entregárselo se dirigió a mí:

-…

-…

No dijo nada. Su mirada era intensa, pero poco se podía averiguar de ella. Rápidamente se giró y comenzó a andar por el pasillo en dirección a la salida.

-Vamos, Manne. Nuestro trabajo aquí ha acabado.

-¡Ahora voy! – le dijo, mientras hacía un gesto de despedida con la mano derecha.

-Me alegro de haber hablado contigo, Manne. Y de conocerte.

-Lo mismo digo… y por favor, busca un nombre, ¿vale? Ayudaría mucho.

-Vale…– Y se fue detrás de Molger.

Volví a echar un vistazo a la sala. Ziram estaba todavía allí, en el sillón, dando vueltas a su engranaje, sin prestar atención a nada más.

-¿Se puede? – dije tímidamente desde la puerta.

-Sí, pasa.

Caminé hasta su sillón. Seguía enfrascado en sus asuntos, como si no le importase que hubiese alguien a su lado.

-¿C-Cómo ha ido el juicio? -pregunté, sin estar segura de querer saberlo o no.

Ziram me respondió con la mirada, llena de lástima y frustración. Ya intuía el resultado.

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