Decisiones

-¿Podrías acabar conmigo ya?

-¿C-Cómo dices?

-No quiero seguir aquí. Tampoco quiero que pierdas el tiempo conmigo, así que te ahorraré esfuerzos.

-Y… ¿se puede saber por qué?

Pues… – se me hizo un nudo en la garganta, y estuve a punto de llorar- pues porque no me queda nada aquí. No sé quién soy, ni qué he hecho en mi vida. Nadie me ve, nadie me oye… y todo lo que haga no servirá de nada. No quiero vivir así, si es que se le puede llamar vivir. Además...

-…

-… si me suicidé fue por una razón; mi vida era un asco. No hace falta que nadie me juzgue, ya sé el resultado. Así que lo mejor es que me extermines, o lo que sea, y ya. Olvídate de mí, vuelve a tu vida y se acabó.

-P-Pero…

Le lancé una mirada cargada con odio, probablemente hacia mí misma. Se veía la pena en su rostro sin embargo.

-Está bien… antes tengo que hacer una… consulta.

Sacó el engranaje de su bolsillo y tras trastear un poco con él se lo llevó al oído, como si fuese un auricular. Se alejó unos metros para que no escuchase la conversación. Mientras, lo observé detenidamente. Era raro. Ziram era pequeño para ser un joven normal, casi de mi tamaño. No parecía que le sobrase ni gramo de peso, aunque en su figura había algo que no encajaba. También examiné su ropa, totalmente diferente a algo que llevaría la gente normal. Me acordé también de la mía, que tampoco era muy común. Ni siquiera me pregunté de dónde la había sacado, simplemente me la puse. Podría ser un regalo… pero no se lo pregunté.

-Sí, soy yo.

Repentinamente escuché una voz. La de Ziram, o al menos eso pensé. Pero era imposible, estaba demasiado lejos. Quizá fueron imaginaciones mías.

-¿Qué? ¿Cómo que no quiere?

Esa vez fue otra, que me recordó muchísimo a la de Molger. Estaba empezando a asustarme, ya que por mucho que buscase alrededor no veía a nadie hablando.

-Dice que quiere que la extermine.

Las cosas estaban empezando a ponerse extrañas. No había nadie a mi alrededor, sólo Ziram en la lejanía hablando con ese engranaje. Se me pasó por un momento que pudiese oír la conversación, pero en seguida lo descarté. Además, estaba fuera del rango de los tres metros.

-No, no puedes hacerlo.

Parecía imposible, pero la hipótesis de la conversación cobraba más fuerza. De hecho, era la única explicación. Estaba oyendo a Ziram hablar con Molger sobre mí y mi decisión. Intenté no prestar mucha atención, pero la curiosidad pudo conmigo. Pude escuchar todo como si estuviese al lado mismo:

-Mira, ya sabe lo que pasará si no la juzgas, ¿no? Irán a por ella.

-Lo sé, pero no puedo obligarla a hacer algo que no quiera. Si ha decidido abandonar, yo lo respeto.

-Esa actitud tuya… precisamente por eso es por lo que no tienes a nadie. ¿Cuándo fue la última vez que te preocupaste en intervenir?

-Y-Yo…

-¡Ha tenido que venir ella expresamente! ¡Y encima te eligió a ti! ¿Qué más necesitas?

-Necesito que ella quiera. Esta decisión no depende de mí.

-Eres incorregible. Mira, haz lo que quieras, ya me da igual. Yo sólo te digo que más te vale que no se vaya. Y te lo digo de verdad. ¡Si ella desaparece, te juro que tú seguirás sus pasos!

Aquellas últimas palabras sonaron con mucha más fuerza, la suficiente como para que me parase a pensar. Si yo me iba ahora… ¿qué sería de Ziram? Su casa estaba totalmente vacía. En su cara no había emociones apenas. Probablemente la única persona en la que confía es su mayor enemigo. Y para colmo, voy yo y le digo que regrese a su vida y se olvide de todo… ¿Cómo puedo quejarme de mi situación? ¿Realmente… realmente voy a destrozarle la vida? ¿Tengo yo ese derecho? Ziram regresó. Yo estaba ensimismada en mis cosas y sólo me di cuenta cuando me habló:

-Ya he acabado. Vamos, es hora.

Levanté la cabeza. Su cara seguía tan fría como siempre, de hecho ni siquiera miraba a un punto fijo.

-¿Hora de qué?

-De acabar con esto. Es lo que quieres, ¿no? Si ya has decidido, yo no puedo interferir.

-S-Sí…

Dio unos pasos atrás y me hizo una seña para que me levantase. No tenía ni idea de qué iba a hacer. Nada más levantarme extendió su brazo derecho.

-En fin… un placer haberte conocido…-No me miró al despedirse, simplemente miraba al suelo, dejando que el pelo le colgase.

Pensé en las palabras de Molger. Parecía que mi llegada significaba algo importante para Ziram, como si lo estuviese esperando. Además, la amenaza del final me resultó muy… intensa. ¿Sería capaz Ziram de entregar su propia vida sólo por respetar mi decisión? ¿Tan poco la valoraba? Noté que estaba temblando de miedo. Él también, aunque seguramente sea de rabia, por haber fracasado.

-¡Espera!-me salió sólo.

¿Mmm?-levantó de nuevo la cabeza, desconcertado.

-Ziram… no sabía nada de esto… ni de que esta decisión significase tanto para ti…

-¿Saber…? ¿H-Has estado escuchándonos? ¿C-Cómo?

-¿Es cierto? ¿Desaparecerás si no me juzgas?

-… –Desvió la mirada, intentando no enfocarme.

-… He tomado ya mi decisión.

Me quedaré contigo.

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