Acaba conmigo

Pasó un buen rato hasta que volví a hablar. Tras aquella revelación apenas podía hacer nada. Ziram me ayudó a levantarme y me llevó a un banco de un parque cercano, para que pudiese tranquilizarme un poco y asimilar toda esa información. Tampoco dijo nada, simplemente se limitó a mirarme. Yo mientras, jugueteaba con los dedos mirando al suelo mientras reflexionaba sobre mi situación. ¿En serio me había suicidado? ¿Tan terrible era mi vida como para cortarla de esa manera? No entendía nada…

-Espera un momento, ahora vuelvo.

Ziram se levantó del banco y empezó a andar hacia una máquina expendedora que había unos metros más allá, en el borde del parque. Era curioso cómo, a pesar de su extraña apariencia, nadie lo veía ni se apartaba. En cuanto llegó a la máquina, la observó unos segundos y cuando pareció decidirse, la arreó un rodillazo, armando bastante ruido. Al instante salió una botella de agua. Lo repitió, para conseguir otra más.

-¡Ziram! ¿P-Pero qué haces? – le grité mientras volvía.

-Tengo sed. Y creo que tú también, ¿verdad?

-Ahora que lo dices… ¡No me distraigas! ¿A qué ha venido eso?

-Ha venido a que ni tú ni yo tenemos dinero, y era la única forma de conseguir algo. Ten, para ti.

No sabía qué decir. Me sabia mal aceptar algo…  robado, por así decirlo, pero de algún modo sabía que Ziram estaba ilusionado. Incluso vi cómo le temblaba la mano al ofrecerme la botella. Tenía sed, así que la acepté.

-… Gracias.

La abrí y empecé a beber. Agradecí que fuese a por ellas, realmente lo necesitaba.

-Algo no te encaja, por lo que veo.

-Es que… antes has dicho que nada puede vernos, tocarnos u oírnos… y sin embargo has podido conseguir la botella. ¿Cómo?

-Es algo difícil de explicar…

-Inténtalo, quizá haya suerte.

-Está bien. A ver… ¿te suena lo de la teoría del caos?

-No mucho.

-¿Y lo de que el aleteo de una mariposa puede provocar un tornado en la otra punta del mundo?

-Ah, sí, eso sí. Aunque lo encuentro un poco absurdo.

-¿Y por qué?

-Pues porque es muy difícil que dos cosas tan diferentes y alejadas puedan estar conectadas de esa forma. Tendría que pasar mucho tiempo hasta que el efecto llegue a la otra punta.

-Muy bien… justo es ahí a donde yo quería llegar. Según tú, cuanto más alejadas estén dos cosas, más difícil es que estén relacionadas, ¿no?

-Sí.

-Y también podría decirse que cada objeto, cada suceso, tiene un rango de “distancia” por fuera del cual no afecta al resto…

-Más o menos…

-Si hablamos de sonido, fuera no se oiría nada; si hablamos de luz, fuera no se vería nada… y si hablamos de causas y efectos, fuera no afectaría nada…

-… Vale…

-Pues básicamente es eso. Para todas las cosas este alcance es la mayor distancia posible, siempre que pase el suficiente tiempo. Para nosotros, es mucho más corto.

-¿Y cómo puede ser eso?

-Pues porque, mientras que para el resto puede pasar todo el tiempo que quiera, en nuestro caso no. Tenemos unos pocos nanosegundos en los cuales tenemos un efecto en el mundo, lo cual equivale… echando cuentas… a unos tres metros.

-¿Tres metros? Entonces… si alguien entra dentro de ese rango, ¿nos podría ver y oír?

-En teoría sí, pero como sólo recibe esa información durante esos nanosegundos, su cerebro no reacciona. En los objetos, como es instantáneo, sí. Por eso he podido coger las botellas. Así, mientras toquemos algo, tendrá también ese rango de tres metros. Y en cuanto dejemos de hacerlo, al cabo de un tiempo cualquier cosa que hayamos hecho desaparecerá.

-…

-Dicho de otro modo, nada de lo que hagamos o digamos será recordado o tendrá efecto alguno, a menos que esa cosa tenga esta limitación de forma natural.

-Creo que lo entiendo… Eso significa que… ¿estamos solos?

Ziram tardó algo en contestar. Quizá era algo que no debía decir.

-No tan solos. Molger, por ejemplo, y toda su gente, están igual que nosotros. Y alguna cosilla más, también.

-Entonces… ¿cuando uno se muere pasa a este estado? ¿Y tú y Molger…?

-Oh, no, estamos bien vivos. Tu situación es algo diferente. A efectos prácticos, sí, has muerto. No puedes sufrir daños, tienes el rango de efecto de tres metros… aunque estás en lista de espera, y eso te convierte en… alegal.

-¿Lista de espera? ¿De qué?

-De tu juicio. Cuando alguien fallece, se debe juzgar a ver qué es de esa persona. Según la vida que haya llevado, cómo piense, cómo actúe… etcétera, se decide si regresa a la vida, es desmantelado… hay varias opciones. Pero hasta que se decida algo, sólo podrás tener relación con gente autorizada, los jueces.

-Jueces…

-Sí. Antaño había muchos, pero se decidió hacer el juicio de forma automática y quitar la mayoría. Sólo unos pocos se hacen en persona.

-Y… ¿quién me va a juzgar?

-Yo. Me elegiste en el pasillo, ¿recuerdas?

-Espera, ¿eso era para elegir juez? ¿Por qué no me dijisteis nada?

-Sí. Si lo supieses desde el principio, tu elección no sería del todo honesta y el juicio no sería lo mismo. Además, Molger y yo teníamos curiosidad, a ver a quién preferías.

-…

-…

-¿Cuándo es el juicio?

-Cuando quieras, no hay prisa. Pero no conviene que lo aplaces demasiado, el ser alguien alegal no es muy adecuado.

-¿Y si no quiero el juicio? ¿Qué ocurre?

-Que pasarías a ser ilegal y habría permiso para darte caza y acabar contigo. Y ¡puf! se acabó.           

-…

Después de aquella conversación estuvimos en silencio otro rato más. Intenté procesar todo lo que estaba aprendiendo, además de considerar mi situación. Y finalmente, me lancé y se lo dije.

-Ziram… sé que es un poco precipitado porque apenas nos conocemos, pero…

-¿Sí?

-¿Podrías acabar conmigo ya?

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