Celos

-Buenas noches – dijo al levantarse de la mesa.

-Buenas noches, maestro -Respondieron todos los demás.

Una de las jóvenes, la mayor, se levantó de la mesa a la vez, y lo siguió.

-¿Puedo hablar contigo un momento?

-¿De qué?

-Lo sabes de sobra. ¿Qué tal estás? Ayer por la noche te oí gritar mucho.

-Ya… siento haberte despertado – Miró disimuladamente al suelo, arrepintiéndose.

-Eso no importa. Dime, ¿necesitas ayuda?

Dudó antes de responder. Ni siquiera sabía la respuesta.

-No, tranquila… Es cosa mía.

La joven parecía no creérselo, y hacía bien. Pero decidió seguirle la corriente para evitar complicar la situación.

-Está bien… buenas noches.

-Buenas noches.

Cada uno se fue por su lado, a su dormitorio. Nada más entrar en el suyo, cerró la puerta y se sentó en el suelo. Estaba empezando a sudar, y pronto comenzarían las alucinaciones. Intentaba mitigarlas concentrándose en otra cosa, pero en vano.

-No me gusta.

Una chica aparció delante suyo, de pie. Era la de siempre, de pelo color celeste y mirada psicópata.

-Me da igual. No es asunto tuyo.

Se acercó poco a poco, hasta ocupar casi todo su campo visual. La habitación estaba prácticamente a oscuras, pero distinguía a la perfección su silueta gracias a la poca luz que entraba por la ventana.

-Sí lo es. Se está interponiendo entre nosotros.

-No hay nada entre nosotros, asúmelo -Su voz estaba algo más cargada de tensión. No era la primera vez que discutía con ella.

-¿Y entre tú y ella, qué? ¿Vas a negar lo obvio?

-Myr y yo sólo somos amigos, nada más.

-A otro perro con ese hueso. Llevas viviendo con ella desde que era una cría y la adoptaste. Demasiado tiempo para un “sólo amigos”.

Estaba sudando más aún. Empezaban a temblarle las manos, y procuraba no mirarla a la cara ni al hablar.

-¡Ya basta! ¡Sólo somos amigos, y punto! ¡No hay nada entre ella y yo, y entre tú y yo tampoco!

La chica se arrodilló. Estaba furiosa, como de costumbre. Daba auténtico miedo.

-No me hagas enfadar…

Él se alejó, sin levantarse, hacia la pared de al lado. Ella lo siguió, gateando, sin quitarle el ojo de encima. En poco tiempo estaba acorralado contra una esquina. Y la misteriosa joven adelantó su mano hacia él.

-No me toques…-dijo apartando su mano de un golpe.

Iba dejando un rastro de sudor por donde pasaba. Su corazón latía a velocidades insospechadas, y ya apenas podría distinguirla en la oscuridad.

-Vamos… no seas así… no puedes negarlo…– Se acercó a él hasta susurrarle al oído – Me deseas…

Se rindió. Había logrado entrar en su cabeza una vez más. Ya era tarde para reaccionar.


Los gritos comenzaron. También golpes y otros ruidos. Se extendieron rápidamente por todos lados. Todos lo oyeron. Algunos se preocuparon, otros se asustaron. Esta noche eran más fuertes que de costumbre, pero ya se habían hecho a ello. Myr estaba en su cuarto, escuchándolo todo.

Su cara era la definición de preocupación.

-Si pudiese ayudarte… -murmuró.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s