Revolución – II

La clínica Palnit estaba en el barrio pobre, como se le conocía por aquí. No es que viviesen en la miseria, pero su forma de entender la vida era mucho más humilde que estos tragaldabas del barrio rico. Nuestra casa no estaba muy lejos de allí, pero el trayecto cargando con Monique y dos bocas nuevas fue bastante… agotador.

Procuramos ir por atajos y callejuelas que pocos transitaban para evitar llamar excesivamente la atención. Comprobé varias veces que nadie nos seguía, y finalmente llegamos a la clínica, algo menos opulenta que la Doine pero no por ello peor.

-Ya estamos. ¡Abajo!                                    

-Markus, ¿estás bien?

-Sí, sólo es cansancio. Hacía mucho que no hacía de burro de carga.

-¡Oye! ¡Ay!

-Ahora, a buscar a Palnit. ¿Puedes andar?

-Sí, no estoy tan desvalida.

No fue muy difícil dar con él, su despacho estaba justo en el centro del edificio. Ni nos molestamos en pasar por la recepción, fuimos a verle directamente. Probablemente muchos se estarían enfadando, pero me traía sin cuidado. Esto era urgente.

-¡Adelante!

No había nadie en los pasillos de afuera, lo cual nos garantizaba la confidencialidad e intimidad que precisaba el asunto.

-¿Dyrhe? ¿Qué demonios haces aquí? Ya sabes que sin cita no puedo atender…

-¡Ay!

-¿Esa que grita es Monique?

-Sí, está de parto, creo.

-¡¿Y-Y me la traes aquí?! ¡Dyrhe, esto es una oficina, no un quirófano!

-Venga ya, sólo hemos venido a que la eches un vistazo. Sus dolores no son normales para lo que queda de embarazo.

-… Bueno, vale. A ver, Monique, entra, con cuidado. Eso es. Túmbate aquí, en la camilla. Dyrhe, échame una mano. Así.

No esperaba que Palnit accediese tan rápido, conociéndole. Supongo que se habrá ablandado con el tiempo; de joven era un auténtico caradura medianamente rico.

-¿Cuánto hace que tienes los dolores?

-Empezaron hace dos días. Cada vez son más fuertes.

-Esto no tiene buena pinta. ¿Cuánto le queda para dar a luz?

-Una semana, todavía. ¿Por qué? ¿Qué ocurre?

-No estoy seguro, pero no parece que el embarazo vaya del todo bien. Si te soy sincero, creo que su cuerpo ya no quiere tener dentro al bebé.

-Bebés.

-¿Qué?

-Son dos, mellizos. ¡Ay!

Monique intentaba resistir los dolores como podía. Bueno, más bien espachurrándome la mano. Teniendo en cuenta lo fuerte que era de por sí y lo intensos que debían ser los dolores, no le quedaba mucho a mi pobre mano. Palnit, por su parte, parecía más extrañado y preocupado que de costumbre.

-Buff…

-¿Qué? ¿Algo va mal?

-Err… sí. No soy especialista en partos, pero la cosa no pinta nada bien. Monique, ¿has tenido síntomas extraños últimamente?

-… No.

La vi demasiado dubitativa, como si me estuviese ocultando algo más de su ya misteriosa vida. No quise interrogarla tanto, me parecía excesivo.

-Monique… esto es grave. Dime, ¿ha habido algo raro?

-Sí.

-¿Qué?- No podía creérmelo. ¿Qué faltaba para todo este espectáculo?

-Desde hace un mes empecé a sangrar… pensé que era normal, así que no dije nada. Lo siento, Markus.

-Monique… ¿por qué? ¡Podríamos haber hecho algo!

-Una última pregunta. ¿De qué color era la sangre?

-… Negra.

-¡¿Negra?! Palnit, ¿qué rayos está pasando?

-Ven un momento. Monique, ¿podrás aguantar?

-Sí… ¡Ay! ¡Ay!

Fuimos fuera del despacho. Por su tono de voz y su cara debía pasar algo gordo, algo que no quería que supiese Monique.

-¿Qué ocurre?

-Nada bueno. Parece que uno de los bebés es… especial, y su nacimiento será muy complicado. Eso si nace, claro.

-¡¿Q-Qué?! ¿Y-Y qué tiene que ver esto con la sangre negra?

-Eso ya es más complicado de explicar. El sangrado demuestra que algo no va bien, y el color, que uno de vuestros hijos no es como los demás.

-¿A qué te refieres con que no será como el resto?

-Markus, ahora tenemos asuntos más importantes. Debes llevarla a un sitio mejor, como la Doine. Allí la atenderán mucho mejor, y con suerte no habrá muchos problemas.

-…

-¿Ocurre algo?

-Ya hemos estado en la Doine, y nos han dado con la puerta en las narices. Ni nos han querido escuchar.

-¿Lo dices en serio? Ay, ay, ay… esto se complica por momentos. Escucha, tenéis que salir de aquí, ¿vale? Iros, a un lugar más seguro. No sé si lo sabéis, pero… andan detrás de vosotros. Probablemente la Doine no os haya atendido para no tener problemas, o porque los han sobornado para ponerlos en vuestra contra. Os puedo echar una mano, pero no prometo nada. Volvamos adentro.

Monique seguía ahí, retorciéndose pero aguantando como una campeona. En cuanto nos vio a los dos ya se dio cuenta de que algo iba mal, muy mal.

-Ya… ¿Todo va bien?

-Monique, es la hora. Darás a luz en varias horas, pero no puedes hacerlo aquí. Tenéis que ir al quinto nivel, ya sabes dónde. Tomad la Gyfu 7, entraréis directamente a la zona médica. Esperadme allí, tengo que poner en orden algunas cosas.

Ya no entendía nada, en aquel momento. Todo ello tendría su explicación más tarde, aunque me hubiese venido de perlas entonces.

-Dyrhe, procura que nadie os vea. Evitad las calles principales, los guardias y toda persona. Toda, no podéis confiar en nadie más ahora.

-Monique, ¿sabes tú algo de esto?

-Sí. Vamos, tenemos que irnos. ¡Ay! ¿Puedes cargar conmigo otra vez?

-Eh… no sé, depende de lo lejos que tengamos que ir. ¿Es mucho?

-Te lo diré cuando hayamos llegado. Vamos. ¡Ay!

-Bueno, Palnit, en seguida nos vemos. Gracias por habernos recibido.

-Buena suerte. La necesitaréis.

Para cuando salimos de la clínica, ya se había hecho de noche y había una tormenta increíble. Intenté mentalizarme para esa ardua tarea, pero ni nos quedaba otra opción ni podíamos volver a casa.

Desde luego, fue un día inolvidable.

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