Compañeros de piso

Seguimos paseando por aquel pasillo unos metros hasta que pudimos ver algo diferente en aquella estancia. Parecía parte de un mecanismo o quizás un adorno, era difícil saber si un engranaje gigante que había en la pared del fondo, igualito al del otro extremo, tenía alguna función o no. Dudé sobre si realmente era auténtico o no hasta que Ziram se paró delante de esa mole y extendió su mano sobre ella.

-¿Qué haces?-pregunté.

-Habrá que abrir la puerta para entrar, ¿no?

¿Una puerta? Sí, podría ser. Había que tener mucha imaginación para pensar que fuese una puerta, pero tras todo lo que había visto ese día, ya me esperaba de todo. Aunque no sabía cómo pensaba abrirla: era muy pesada y Ziram no parecía muy fuerte.

Al principio no pasó nada, pero después de que cerrase los ojos y se concentrase algo, empezaron a oírse unos ruidos de maquinaria chirriantes y pesados, y seguidamente el engranaje, junto con muchos otros más diminutos que había dentro empezaron a moverse, todos juntos y perfectamente sincronizados. Poco a poco el engranaje mayor se fue desplazando hacia arriba y metiéndose en un hueco del techo, mientras que el interior oculto por la puerta ya se vislumbraba.

El movimiento duró varios segundos hasta que un sonido sordo indicó que la puerta ya estaba abierta. Eché un vistazo a lo que había aparecido delante: la pared era parte de una muralla que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, y lo que teníamos enfrente era un portón propio ya de una fortaleza medieval. No pegaba nada con el estilo de aquel pasillo, y me giré para cerciorarme y comentárselo.

-¿Q-Qué? ¿Qué ha pasado?

-¿De qué hablas?

Me estaba acostumbrando a que pasasen cosas un poco raras, pero el que al girarme viese que el pasillo había desaparecido y que en su lugar no había nada más que un acantilado situado a miles de metros sobre el vacío fue demasiado. Casi me caigo de aquel sitio de no ser porque ya habíamos cruzado el umbral de la puerta.

-¡El pasillo! ¡No está! ¡Y… y esto…! ¡¿Qué es este sitio?!

Me estaba poniendo de los nervios. Nunca me habían entusiasmado las alturas, y encontrarme de repente con algo así… no iba a aguantar mucho tiempo.

-Ah, eso… Lo siento, tendría que haberte avisado. La falta de costumbre. Venga, entremos y te iré explicando. Tú no te acerques demasiado al borde y no notarás nada.

Estaba al borde del infarto, pero el extraño tono de Ziram empezaba a tranquilizarme. Me fui con él, no tenía otra opción. Pero no estaba muy por la labor en ese momento…

-¿Tú sabes lo que es una figura imposible?

¿A qué venía eso? No tenía sentido, pero responder tampoco iba a ser un problema.

-Mmm… pues… una figura que no puede existir… quiero decir, que se puede dibujar y pensar, pero que es imposible construir.

-Exacto. Ya te habrás dado cuenta de que esto es una especie de fortaleza, ¿verdad?

Sí, se parecía bastante a un castillo… aunque con tanto engranaje por ahí me recordó bastante al estilo steampunk.

-Bueno, pues imagínate que todo esto es una figura imposible, pero que existe.

-Esto… ¿qué?

-Ya sé que suena absurdo, pero es la mejor forma que tengo de explicarlo. El edificio entero es una figura imposible: las leyes de la Física que conoces no siempre se cumplen, la geometría no es tan sencilla… y para que no te vuelvas loca, tu cerebro interpreta esto de la única forma que sabe y hace que veas cosas… extrañas.

¿Una figura imposible? Sin duda se estaba quedando conmigo…

-Sabes que eso no tiene ningún sentido.

-Ya. Pero después de tanto tiempo, ya no me fío de lo que veo y prefiero observarlo de otra manera. Supongo que todo es acostumbrarse. Pero… mejor te lo enseño, para que lo entiendas por ti misma.

Atravesamos aquel portón, abierto de par en par, y empezamos a cruzar un puente descubierto desde el que se podían ver unas cascadas impresionantes. Eché un vistazo a toda aquella estructura que parecía no tener fin: un montón de torres, puentes y edificios flotando unos encima de otros, conectados de forma caótica y adornados por muchísimas cascadas que parecían columnas gigantescas y que partían y se perdían en el infinito. Era una vista realmente increíble: aquella estructura no podía describirse ni imaginarse por un humano.

-Mira, ven.

Ziram estaba en el centro del puente, asomado a la barandilla que impedía que nos cayésemos hacia la nada. Fui junto a él, para ver qué quería enseñarme.

-¿Ves aquel puente? ¿Abajo, un poco más adelante y a la derecha?

Me costó un poco localizarlo ya que había muchos, pero al final logré dar con él. No me pareció nada raro.

-¿Te suenan de algo esas dos personas que están ahí?

Era verdad, había dos personas en el puente, asomadas igual que nosotros. No se distinguían muy bien, y tampoco me pareció normal. Molger y Ziram ya me habían dejado claro que no había nadie más aquí. ¿Quienes eran?

De pronto, una de ellas se giró, nos miró directamente y empezó a saludarnos con la mano. No pude creerme lo que vi.

-¡…! ¡Ziram! ¡Eres tú! ¿Pero tú no…?

Inmediatamente me giré para ver su cara, pero en vez de eso me lo encontré alejado de la barandilla, mirando al cielo y moviendo la mano. En seguida me di cuenta.

-Entonces… esos de ahí… pero nosotros…

Empezó a reírse al ver mi cara de desconcierto. ¿Cómo podíamos estar aquí y ahí al mismo tiempo?

-¡Eh, no hace falta que te rías! ¿Qué pasa aquí?

-Vale, te lo explicaré. A ver, en una figura normal, las leyes de la geometría se cumplen, cada cosa aparece en su sitio y todo es maravilloso. En una imposible, no. Si las analizas bien, verás que una misma cosa está en varios sitios a la vez, o que varias cosas aparentemente diferentes son en realidad la misma. Como el cerebro (y tu pensamiento tridimensional) no puede aceptar esto, ves la misma zona en varios puntos y repetida infinidad de veces. Literalmente, te puedes ver a ti misma.

Medité sobre lo que me acababa de decir… ¿Tenía alguna lógica?

-Entonces, todo esto… ¿sólo son copias que mi cerebro interpreta así para que no me explote la cabeza? ¿Como lo de poner un espejo delante de otro?

-Más o menos. Es más, si les lanzas algo, acabará llegando aquí. Los objetos, las estructuras, todo, acaba copiándose. En realidad sólo hay una, pero se ve así. Cosas de la arquitectura imposible.

Todavía estaba muy liada. ¡Todo eso era imposible! ¿Cómo iba a estar en infinitos sitios a la vez? ¡Era un sinsentido!

-Anda, vamos. Te enseñaré un poco esto para que se te despeje algo la mente.

Realmente lo necesitaba. Acabamos de cruzar aquel puente hasta que llegamos al que probablemente fuese el edificio principal. Una torre de varias decenas de metros de altura y profundidad en la que todo podría tener alguna lógica. Las puertas tenían un estilo similar a las de antes, aunque ya eran normales, sin engranajes y mecanismos complejísimos. Me decepcionó un poco; siempre me habían gustado los relojes y cachivaches varios.

-Entonces, ¿tú vives aquí?

-Sí. No es por fardar, pero… ésta es mi casa.

-… ¿Y estás tú solo? ¿No hay nadie más aquí?

-…

Me había pasado. Lo supe al instante. No se había callado nunca de esa manera, y empezó a retorcer un poco la escoba después de escucharme… además de que le entró un tic en el ojo y miró de forma extraña al suelo. Intenté arreglarlo como pude:

-L-Lo siento, no quería… en serio, no era mi intención…

No parecía funcionar. Apenas me hacía caso a pesar de lo que me esforzaba por disculparme. Ya intuía que era alguien solitario, pero dudo que alguien se lo hubiese recordado en… demasiado tiempo. Finalmente acabó por reaccionar:

-No, no es nada. No importa. Te llevaré a tu habitación.

-¿Qué? ¿T-Tengo una habitación aquí?

Decidí olvidar el tema y dejar que me guiase dentro de aquella mole.

-Sí, esto es como una especie de ciudad en miniatura. Hay prácticamente de todo: un montón de habitaciones, un almacén gigantesco, varios jardines, una biblioteca, campos, un lago…

-¿Un lago? ¿En serio?

-¡Claro! Toda ese agua tiene que ir y venir de algún sitio, ¿no?

La verdad es que era bastante impresionante. Toda una estructura imposible prácticamente autónoma y al margen del resto de la gente… podría ser interesante.

Mientras escuchaba con atención su descripción de aquel lugar, del que me imagino que estaría muy orgulloso, giramos al ala derecha desde la torre principal y salimos por un arco a un pequeño jardín rodeado por un claustro y lleno de plantes bastante extrañas y variopintas. Lo cruzamos hasta llegar a una torre más pequeña pero no por ello menos impresionante.

-Y todas estas plantas… ¿qué son?

-Ah, eso… es que me aburrí hace tiempo de las flores y plantas de siempre, y decidí experimentar un poco para ver si encontraba alguna de mi gusto.

-Entonces, todo esto… ¿es obra tuya?

Parecía que se animaba un poco. Ya hablaba de forma amigable y sonreía un poco más.

-Podría verse así…  Además así consigo ciertos materiales que necesito.

-¿Materiales? ¿De las plantas?

-Sí, maderas especiales, alguna esencia peculiar, comida… todo lo que se pueda usar. Pero tampoco quiero contarte demasiado, sería muy ruin por mi parte. Además, ya hemos llegado.

Era verdad. La charla se me había pasado tan rápidamente que no me di cuenta de que habíamos subido varios pisos a pie y que habíamos llegado a nuestro destino. Curioso cómo se puede pasar el tiempo a veces…

-¿Aquí?

-Sí. Puedes escoger otra si no te convence, pero creo que te gustará ésta.

-¿Tiene algo de especial?

-A simple vista no, pero tiene un pasado interesante… y algún que otro secreto.

Abrí la puerta con facilidad. No había ninguna cerradura o adorno llamativo en la puerta, simplemente era como las demás. Y por dentro tampoco era nada del otro mundo: una cama bien grande, una ventana normalita, un escritorio y un armario que llegaba hasta el techo. Lo dicho, todo común.

-Pues yo no veo mucho por aqui…

¡BLAM!

-¿Qué…? ¡La puerta!

Se había cerrado de golpe. Intenté abrirla, pero no pude. No había ninguna cerradura, pero aun así estaba cerrada. ¡Me había quedado encerrada en ese cuartucho! Seguro que era cosa de Ziram… ¿Quién si no?

-¡Ziram! ¡Déjame salir! ¡Esto no tiene gracia!

Golpeé la puerta varias veces, sin resultado. ¿Por qué? ¿Qué motivo tendría para dejarme ahí?

-¡Ziram! ¡Esto va en serio! ¡Ábreme!

La ayuda que obtuve fue la respuesta de Ziram antes de irse:

-Lo siento… ojalá hubiese otra manera…

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