MVY – Conversación perdida

Aún me acuerdo del primer momento a solas que tuve con la morena. Me refiero a algo más personal, no a las sesiones de terapia que poco o nada de civilizado tenían. Creo que fue ahí cuando empecé a conocerla realmente; era lógico, hasta entonces no sabía mucho de ella, aparte de su afición por dar y repartir. Y apostaría a que también vio en mí algo que no se esperaba en ese momento.

¿Por dónde empiezo? Un día como cualquier otro, mientras él estaba durmiendo a sus anchas, escuché que ella estaba en el pasillo lamentándose por algo. Sentí curiosidad y fui a ver qué sucedía:

-¿Qué pasa?

-Ah, hola. Nada, mi cazadora. Se ha roto un poco.

-¿De verdad? No lo veo.

-Aquí, en la axila.

-Mm… es un buen agujero… Te la puedo arreglar, si quieres.

-¿Arreglar? ¿Sabes coser?

He de decir que como modisto no soy muy hábil, aunque en ese momento había recordado algunos de mis antiguos trucos y no me era necesario.

-¿Crees que lo voy a coser? No he aprendido a reparar cosas para luego no usarlo.

-Espero que hayas aprendido eso bien. En fin, veremos lo que puedes hacer. Toma.

Y así, sin más, se la quitó y me la dio. No hubiera supuesto ningún problema de no ser porque… no llevaba nada debajo. Nada.

-Eh… vamos allá.

Tomé la cazadora, visualicé el resultado final y comencé a concentrarme en las fibras que la componían, pudiendo sentir cada una de ellas. Empezaban a moverse, a entrecruzarse y a unirse con firmeza mientras aquel roto iba menguando poco a poco. Todo ello, claro está, adornado con un ligero destello púrpura.

-Curiosa cazadora.

-¿Ah, sí?

-Sí. No he visto nunca una cazadora con cuernos en la capucha. ¿De dónde la has sacado?

-Me la regaló… mi novio, hace ya tiempo. Fue una auténtica sorpresa.

-¿Tienes novio? No tenía ni idea. Debe ser especial.

-… Tenía. Nos… nos separamos hace casi un año y… no nos volvimos a ver.

Muy revelador. Quizá debía indagar un poco más en su vida, o al menos saber algo de ella.

-Es impresionante cuánto puede decir esta cazadora de ti… y de vuestra relación.

-¿C-Cómo dices?

-Pues eso. Que ya se muchas cosas de ti.

-Imposible. Pero venga, diviérteme.

-Vale. Mmm… cómo podría decirlo… no sé cómo rompisteis, pero estabais muy unidos. Y de hecho, aún sigues sintiendo algo por él, algo… bastante fuerte, debo añadir. Y no es para menos, ya que de algún modo que desconozco le considerabas una parte fundamental de tu vida sin la cual difícilmente podrías vivir. Además, él te bastaba para que te sintieses completa, sin necesidad de nada más. Está claro que no era un novio perfecto, e incluso tenía alguna que otra peculiaridad, pero aun así te quedaste con él. ¿Sigo?

-…

-En cuanto a la ruptura intuyo que no fue de tu agrado, y que te sentiste realmente mal. Querías seguir con él, pero algo te lo impedía. Y aunque has intentado olvidarlo e incluso pasar página, te es imposible. Lo peor de todo es que… piensas que jamás volverá a ver algo entre vosotros. Pero bueno, todo se arreglará, seguro. De algún u otro modo… volverás a estar con él. ¿He acertado?

 No respondió. Por su mirada un poco desconcertada pero amenazante supe que había dado en el clavo. Y que había sacado a la luz cosas que ella prefería mantener en secreto. Todavía no comprendo cómo no me partió la nariz; yo lo habría hecho.

-¿Y todo eso lo has deducido de la cazadora?

-Más o menos. En cierto modo, la cazadora es una metáfora de él; un poco rara, fina, no apta para soportar el frío, una capucha con cuernos… pero al ponértela es como tu segunda piel. Además te atreves a salir sólo con ella como prenda de ropa incluso con el frío más violento, y aun así no mueres de congelación. En definitiva, que te da fuerzas para seguir.

-Ya…

-Luego, el hecho de que después de la ruptura conservases la cazadora indica que te importaba, y que aún la sigas usando a diario, es que le querías mucho. Incluso ahora, que se ha roto un poco, quieres arreglarlo. Supone un recuerdo de vuestra feliz relación y la inesperada ruptura, o de lo contrario ya te habrías deshecho de ella. Me acuerdo de que esta cazadora no la vi aquella “extraña” noche, me acordaría. De ahí que hayas intentado pasar página pero que no hayas podido.

-…

-En cuanto a vuestra relación… aún le quieres. Le has llamado novio, no un amigo, o un ex. Novio. Y no esperas volver con él porque has dicho “no nos volvimos a ver” en vez de “no nos hemos vuelto a ver”. No confías en que vuelva a surgir la chispa que ya se encendió una vez, de forma fortuita y sin ninguna planificación, ya que según tú, el regalo fue una sorpresa. Simplemente, un día se lanzó a por ti, y aceptaste sin más.

-…

-Y lo de que vais a volver… ya es intuición mía. Y no suelo fallar.

-Ahora sí que te equivocas. Es imposible que volvamos.

-¿En serio? Ilumíname.

-Murió. ¿Contento?

-… Bueno.

-¿Has acabado ya?

-Sí, ten.

En pocos segundos me arrebató la cazadora de las manos, la cual estaba ya completamente arreglada, y se volvió andando un poco furiosa por el pasillo. Había abierto una zona privada, y la había destrozado.

-Sigo pensando que volveréis. Seguro.

-Déjame en paz.

-Aigh… ¡Al menos ponte otra vez la cazadora!

Ni puñetero caso.

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