Huida del crimen

Tercer SI.

Experiencia del sospechoso.

“¿Que por qué huí? No lo sé. Simplemente me lo pidió, y lo hice. No es tan raro… ¿no?

Está bien, lo contaré.

Estaba en mi segundo año en la Universidad. Habíamos empezado hace unos días y mientras nos acostumbrábamos a los nuevos profes pensamos en qué bienvenida dar a las nuevas incorporaciones. Yo era uno de los encargados, y se me ocurrió ofrecerles una experiencia imposible de olvidar.

¿Dónde estudiaba? Fuera de la ciudad. Aquí no se daba la materia que yo quería, así que decidí largarme. No… mis padres no me pusieron pegas.

Vale, sigo. No teníamos un plan concreto hasta que recordé mis dotes de actor. A partir de ahí y con un poco de imaginación el resto siguió solo. Acordamos que, el día y a la hora en cuestión, yo me infiltraría en la clase en una esquina, ajeno a los demás. Nadie repararía en mí, simplemente era uno más. El profesor lo sabía, y estaba de acuerdo con el plan (fue él quien me recomendó que me infiltrara). En cuanto acabase la clase y el profesor saliese (todo planeado de antemano) yo… empezaría a encontrarme mal. Lo típico de alguien al que se le va la olla: dolor de cabeza, gritos cada vez más fuertes, espasmos, alguna convulsión… y tras simular algo tremendamente doloroso y todo parase de golpe, el resto se daría cuenta de que yo no era… normal. No hay nada como una mirada desquiciada y comportarse como un animal para infundir un poco de miedo.

¿Qué? No, no había nadie grabándolo. Al menos no entraba en el plan. ¿Alguien lo grabó?

¿Cómo que información confidencial?

Está bien, seguiré. Después de mi repentina “transformación” me tocaba acercarme a ellos, que estaban apelotonados en una esquina. Si por el camino aporreaba la pared o empezaba a golpear cualquier cosa, mejor. Obviamente no iba ni podía destrozar el mobiliario, pero eso ellos no lo sabían. Además, mientras a lo mejor a alguien se le pasaba el susto y se diese cuenta de que la puerta estaba abierta y que podían salir por ahí. Y que también viesen el banco suelto de al lado y bloqueasen la puerta para que yo no pudiera seguirlos. Todo estaba planeado, desde luego: ese banco no estaba ahí por casualidad, pero no me convencía mucho saltarlo en ese estado primario, así que lo levanté y lo lancé hacia un lado.

Sí, todos nos quedamos sorprendidos. No pensé que iba a poder levantarlo con tanta facilidad. Supongo que fue por el subidón del momento.

A ver… luego empecé a perseguirlos por el pasillo intentando no salirme del papel. Me choqué unas veces con las paredes, corría como un animal (no me preguntes cómo lo hice, no lo sé) y los seguí escaleras abajo hasta la entrada. Ahí comenzaba la segunda parte del plan: mis compañeros de actuación estaban allí “por casualidad” y les pedirían ayuda para intentar detenerme. Fingí un poco de pelea con los cinco primeros, que acabaron en el suelo, mientras el resto se mantenía a una distancia prudencial. Estoy orgulloso de cómo salió esa parte.

Sí. Por extraño que parezca, a los nuevos no se les ocurrió plantarme cara. Y no sé por qué, si me superaban en número y bastante…

Poco después, el resto de los que estábamos en el ajo intentarían reducirme entre todos haciendo la típica pila, y tal y como planeamos no funcionó. Unos empujones con una fuerza moderada y todo el mundo empezaría a sufrir lo que yo. Ya sabes, lo de fingir una especie de posesión como la que había hecho antes. Se levantaron, empezaron a rodearlos (incluidos los que se quedaron dentro) y aparentando ser mi ejército de zombies llevarlos hasta un lugar bien céntrico.

Y justo cuando todo estaba saliendo como esperábamos, sacamos las mangueras para darles una húmeda bienvenida con… bueno, no creo que sean muy importantes los detalles. Ese era el plan.

Sí, salió bien, creo. A mí es lo que me pareció.

¿Qué? ¿Por qué me miras así?

Sí, ya sé que lo sabes, pero si los dos lo sabemos… ¿qué sentido tiene decirlo?

Te estoy diciendo la verdad. No recuerdo más de ese día, han pasado ya seis años de eso.

No… no estoy intentando protegerla, ya no… ya no está. Simplemente no quiero hablar del tema.

¿Por qué es esto tan importante para ti? Sólo fue… un accidente, nada más.

Me desperté tres días después de aquello. Estaba tumbado en medio de un garaje, completamente solo y sin saber qué había ocurrido. Salí de aquel lugar y después de averiguar dónde me encontraba, hice lo primero que me vino a la mente. Fui a verla, esperando encontrar una explicación.

Zoe… fue, una amiga, sólo eso.

O eso es lo que me gustaría. No sabía lo que éramos. Estudiábamos juntos, nos ayudábamos y participó en la actuación de aquel día. Era una relación muy extraña, unas veces nos peleábamos y otras hacíamos auténticas locuras por el otro.

No, ella era de allí. Nos conocimos a los pocos días de empezar, cuando tuve una discusión con uno de los profesores. A menudo iba a verla a su casa, a pocos minutos de la Universidad, para charlar o pasar el rato con ella. Ya te lo he dicho, era una amiga… especial.

Llegué en seguida a su piso. Sus padres no estaban en ese momento y pude hablar con ella sin problemas. No fue muy cómodo, tengo que admitirlo.

Sí, recuerdo lo que me dijo.

-M-Mick…

Me abrazó de golpe nada más verme. No supe cómo reaccionar, simplemente la dejé.

-Menos mal que estás bien…

Nos sentamos en su cama y empezamos a hablar de lo que pasó después:

-Mick… tienes que decirme qué te pasó.

-¿Pasarme? No me pasó nada… aunque no recuerdo nada más de lo de ayer.

-¿Ayer? No, lo de la Universidad pasó hace tres días.

-¿Tres días?

-Sí… Mick… ¿ocurre algo?

-Sólo que… me he despertado hace una hora en un garaje cerca de aquí. De lo del otro día a hoy no recuerdo nada.

-¿U- un garaje? Madre mía…

-Zoe… ¿pasó algo más ese día?

-Esperaba que me lo explicases tú… Después de que el plan acabase y todo saliese como planeamos, parecías… seguir actuando. Cuando nos dimos la vuelta todos te vimos en el suelo, retorciéndote y sacudiéndote… pero de verdad. No sabíamos qué te pasaba, parecía un ataque epiléptico o un infarto, así que fuimos corriendo a ver qué ocurría. Y…

-¿Y?

-Tenías una pinta horrible. Parecías realmente poseído, y tenías los ojos en blanco. Te temblaban las manos y la cabeza sin control, y cuando alguien intentó ayudarte…

-¿Qué?

-Lo lanzaste por los aires varios metros. Hiciste lo mismo otras dos veces, contra una pared y un árbol.

-…

-Después los que quedábamos en pie llevamos al resto adentro y recogíamos a los que habías mandado a paseo. Y mientras tanto vi cómo te alejabas corriendo por la carretera. Hasta hoy.

-…

-¿No te acuerdas de nada?

-No. Nada de nada.

Nos quedamos un rato pensativos mientras meditábamos qué decir. Ninguno teníamos ganas de hablar de eso, pero no había otra opción.

-Tienes que irte, Mick.

-¿Qué?

-Tienes que marcharte, lejos de aquí. Vuelve a casa y no hagas preguntas. No puedes quedarte aquí.

-¿Por qué?

-Se rumorea que van a investigar lo de aquel día. Incluso hablan de denunciarte.

-… ¡Pero no hice nada! ¿Tú… me crees?

-Mick, yo… yo vi lo que vi. Te vi a ti lanzar a tres personas por los aires y salir corriendo.

Me encontraba cada vez peor. No sabía qué decir o hacer. Nada solucionaría lo ocurrido. Lo único que pude hacer fue empezar a llorar.

Zoe me tomó de la mano por última vez:

-Mick, escúchame. Prométemelo. Prométeme que te irás lo antes posible. No… no quiero que te pase nada.

-… … Vale. Mañana por la mañana desapareceré de tu vida.

-Yo no he dicho eso. No vas a desaparecer de mi vida… porque yo me iré también.

-¿Qué? No, Zoe, tú no… no puedes irte… no puedes renunciar a todo lo que tienes por mí… es estúpido.

-Lo sé. Tú me enseñaste a hacer estupideces.

-…

-Esperaré un par de meses antes de irme, para que la gente no sospeche. Me reuniré contigo, te lo aseguro. Pero mientras tienes que ser fuerte.

Sí, lo hice. Al cabo de dos días ya había renunciado a mi carrera, a la beca y a toda la gente que había conocido, y volví a casa. Había cambiado algo desde que me fui, pero estaba otra vez donde empezó todo… volvía para enfrentarme a mi pasado.

La esperé. Día tras día, semana tras semana…

Llegó. Cumplió su promesa…

Ayer mismo nos reencontramos.”

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