Cuestión de estilo

Me llamo Abate. Soy investigador en una agencia al margen de la ley, y colaboro habitualmente con las fuerzas del orden… si me apetece. Mi equipo y yo comenzamos nuestra peculiar labor hace unos cuantos años, y aunque no hemos resuelto todos los casos que se nos han presentado, sí que hemos logrado sobrevivir sin que el gobierno del país haya acabado con nosotros. Hace un par de años comenzaron a reconocernos por las calles, aproximadamente cuando yo entré a formar parte de esto. No me importa que nos tirasen tomates al vernos; lo importante es que hablaban del equipo. El por qué es irrelevante.

En cuanto a mí… hay varias cosas que cualquiera debería saber. Soy agresivo, y mucho, pero sólo cuando es necesario. Muchos dirían tan sólo con cinco minutos de charla conmigo que estoy como una cabra, que me irrito a la mínima, que soy demasiado violento… bobadas. Si conociesen todos los detalles y estuviesen en mi pellejo no se atreverían a decirme eso a la cara. Mis reglas son sencillas: si me provocas, cobras. Así de claro. Me da igual quien esté delante mío y lo que haya hecho en el pasado; no sirve. He tenido muchos problemas por este “comportamiento” pero yo sigo en lo mío. Nada ni nadie conseguirá cambiarme.

En este mismo momento estoy… retirado. Antes de ayer tuve una fuerte conversación con mi jefe, Farnes, y llegó a la conclusión de que debía estar unos días fuera del equipo para reflexionar sobre mi modo de actuar. Ya le dije desde el primer momento que no serviría de nada y que volvería como siempre, pero es tan burro como yo… Supongo que no todo el mundo está hecho para ser mi jefe.

Estaba yo al lado de la máquina de café, pensando en mis cosas, cuando alguien me llamó. Farnes, naturalmente. Iba andando rápidamente hacia una salita sin ventanas y en su camino me llamó y me hizo un gesto para que le siguiese. Desde luego no era para darme los buenos días; estaba enfadado y mucho.

-A ver qué quiere ese cretino…-murmuré.

Como siempre que tengo bronca, los demás empezaron a hacer grupitos para especular e intercambiar algún que otro dato. De hecho, en la última incluso hicieron apuestas sobre los días de suspensión. Ninguno acertó: no me echaron.

-¿Qué, Abate? ¿Otra vez? ¿Qué has hecho ahora?-preguntaban algunos en la lejanía.

-Lo sabéis de sobra.- Apenas giré la cabeza para responder. Ya estaban acostumbrados a que no les mirase a la cara salvo cuando algo malo pasaba, y tampoco tenía ganas de hablar.

Entré en la salita, en cuyo interior había una mesa metálica con unas sillas. Era la sala que usábamos para reunirnos a veces, y a menudo guardábamos algún que otro trasto ahí. Estaba más limpia de lo normal; supongo que habrán visto que la capa de roña les llegaba a la nariz. Farnes y yo siempre nos reuníamos en el mismo sitio: yo me sentaba en la silla, él me gritaba, yo miraba a otra parte y al final se acababa cansando y me dejaba en paz. Lo mismo una y otra vez, cada pocas semanas. Sin embargo, no parecía que ésta fuese a ser como las demás reuniones. Intuición.

Cuando ya estaba en mi sitio, Farnes cerró la puerta con normalidad y no con sus habituales  portazos. Antes de que se cerrase del todo pude ver al resto echando un último vistazo al que probablemente iba a ser un combate épico.

Por una vez en mucho tiempo, decidí mirarle a la cara, para intentar acabar con la discusión cuanto antes. Pensé que iba a empezar ya reventado tímpanos, pero no.

-Abate, Abate, Abate… ¿qué voy a hacer contigo?-dijo mientras sacudía la cabeza y pasaba su mano derecha sobre ella.

-¿A mí me lo preguntas? Por favor, ni que fuese yo un vidente…

-No empieces con tus bromitas. Sabes muy bien por qué estás aquí.

-Sí, por el mismo rollo de siempre: “Abate, no puedes pegar a la gente porque te apetezca” “Abate, las leyes están para cumplirlas” Bla, bla, bla…

Nuevo récord personal: había conseguido sacar a Farnes de quicio en tan sólo veinte segundos, y más que otras veces, a juzgar por el golpe que dio en la mesa con los brazos. No soy experto en golpes, pro juraría que se hizo bastante daño a pesar de lo que quería aparentar.

-¡Te estoy hablando en serio! ¡Estás yendo demasiado lejos con tu forma de actuar!

-¿Y qué? Ya sabías cómo era cuando me conociste, y aun así me dejaste entrar. Si ahora tienes problemas por lo que haga, ya no es cosa mía.

-Mira, Abate. Puedo tolerar que tengas arrebatos de ira de vez en cuando, y que rompas cosas en esos momentos, ¡pero desde luego no puedo permitir lo que hiciste la semana pasada!

-Ya empezamos…

-¡Estábamos deteniendo a alguien y te pusiste a morderle en el cuello! ¿Tú crees que es normal?

-¡Había que detenerlo, ¿no?! Y vosotros habrías tardado mucho con vuestro “protocolo”. Además, se lo merecía.

Vale, sí, mis métodos eran un poco raros, pero funcionaban. Si la agencia no había sufrido ninguna derrota desde hacía dos años fue porque yo entré en ella. Todo el mundo dice que me paso, pero se equivocan. Siempre le doy a cada uno lo que se merece, ni más ni menos. Y la verdad, en los últimos días he estado aguantándome unos cuantos tortazos que eran totalmente necesarios. Sé controlarme, ¿vale?

-¿Cuántas denuncias van ya? ¿Seis? ¡Estamos haciendo lo imposible para que no te metan en la cárcel!

-Psé, pues vaya cosa. Acabaría saliendo de allí en dos días. Tres si la comida merece la pena.

-(Oye, creo que en la prisión del este acaban de poner un menú bastante bueno, sin todo ese almidón y engrudo para ladrillos.)

-¿Ah, sí? Mmm… creo que con ajustar unas cuentas pendientes podríamos hacer una visita para comprobarlo… ¿Tú que opinas?

-(A ver que echo cuentas… ¿Crees que podremos entrar con un escándalo público?)

-Eso creo. Ahora por cualquier cosa te mandan allí. Está bien, Temef.

No me daba cuenta, pero Farnes estaba con los ojos abiertos al máximo, intentando comprender lo que pasaba. Para él, estaba hablando sólo.

-¡Eh, que te estoy hablando! ¿Otra vez hablando sólo?

-Nah, ya hemos acabado.

Ah, sí, quizá debí mencionarlo antes. Tengo, según todos los psiquiatras a los que he visitado (trece, quizá) un “trastorno de la personalidad”. Según dicen, tengo dentro otra versión de mí mismo, más calmada y con las cosas más claras, Temef. Le veo a veces, cuando hay discusión o cuando hay que utilizar la cabeza para pensar. Por lo bien que se le da a veces, Farnes ya me ha dicho que, si no fuera imaginario, me despediría y le daría a él mi puesto. Lo siento, majo, es todo o nada. A veces me contiene, pero no siempre. De hecho, le encanta hablar conmigo para volver loca al resto de la gente… sí, ya lo sé, yo sería el loco. Paparruchas: Temef es la persona más cuerda que he conocido en mi vida, y punto.

-No puedo creer que esté haciendo esto… Abate, ¿podría hablar con Temef a solas?

-Lo siento pero no. Pero habla si quieres, tampoco te haré caso.

-¡Abate, por favor!¡Tu situación es muy grave!

-Está bien… Temef, a ver qué le cuentas.


-Hola, Farnes. ¿Qué tal se vive con este facineroso?

-Más te vale que seas tú, Temef, Lo digo en serio.

-¿Todavía no confía en mí, Farnes?

-Vale, eres tú. Abate nunca muestra tal educación. A ver cómo te lo digo… tienes que pararlo cuanto antes. La gente ya está pidiendo su cabeza.

-¿En serio? Con la de casos que ha resuelto… ¿y todavía quieren acabar con él? Realmente no lo entiendo..

-Lo sé, pero así son las cosas. Si no le sacamos del equipo habrá jaleo, y de los gordos.

-¿Jaleo? Otra condena, supongo.

-No del todo. Con todos los delitos que ha cometido… el asunto no se arreglaría con una simple condena. Además, ninguna cárcel quiere hacerse cargo de él. Lo único que parece agradar al personal es una… neutralización a largo plazo.

-¿Qué? No, eso sería demasiado. No me creo que planeen hacerle eso. ¡No! ¡Es una locura!

-Créeme, lo sé. Estamos investigando el por qué de estas medidas tan drásticas, pero mientras tanto él debe estar al margen de todo. El nuevo gobierno se está pasando, eso es cierto…

-¿Pasando? ¡Se está cebando con él! ¡Si tiene una ley para él sólo!

-Sí, y se la salta cada dos por tres. Ojalá hubiese otra forma, pero… debéis iros.

-Vale, pero ¿cómo se lo digo? No es tan fácil, con lo cabezota que es. Además, últimamente ha pasado por mucho…

-Tengo una idea. Gracias, Temef. Contigo sí se puede hablar.

-Bah, no es nada. Alguien tiene que cuidar de él, nada más. Hasta la próxima.

-Adiós.


Volví a mi ser. Siempre que habla Temef, yo directamente paso. Ya me lo contará luego, si me aburro.

-¿Y bien? ¿Habéis llegado a algo?

-A ver, Abate. Estás colgando de un hilo. Si no cambias, a la calle.

-¿Qué? ¡Vamos, anda! ¡Si no fuese por mí, esta agencia seguiría siendo desconocida!

-Eso seguro. Te voy a dar unos días para que te calmes un poco.

-Paparruchas. Pasado mañana ya me llamaréis pidiendo ayuda, ya lo veréis…

Acabé con la reunión en ese momento. Ya estaba cansado por ese día, así que me levanté y salí de la sala tan rápido como entré. Llegué enseguida en casa y me dispuse a disfrutar de dos días de merecido descanso. Ni loco reflexionaría sobre mi actitud: no pienso renunciar a lo que soy, y menos si oriento algo tan “malo” a un lado más productivo. Simplemente, me limité a charlar un rato con Temef y a poner verde a Farnes, como de costumbre.

Y tal y como siempre ocurría, acerté en mi predicción. El teléfono sonó a los dos días de irme, es decir, hoy. Apenas le di tiempo a sonar, sabía quién estaba al otro lado y qué ocurría.

-Te lo dije.

-…

-A ver, ¿qué queréis?

-Ayuda. Os necesitamos, a ti y a Temef.

-…

 

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