A tortas

No lo entendía. Aquel chico me había dejado sin palabras por primera vez en mi vida. ¡A mí, que siempre había tenido la última palabra en todo, siempre! ¿Cómo había podido bajar la guardia de esa manera? Me había pillado totalmente desprevenida y no pude defenderme en absoluto, como si estuviese jugando conmigo. Ahora debía responder, o ganaría del todo. Me apresuré a alcanzarle, pues ya se había alejado bastante:

-¡Eh, espera! ¿Adónde vas?-Dije corriendo tras él.

-Tengo que acabar de barrer, por si no te habías dado cuenta. Aquí algunos trabajamos.

Ni siquiera se volvió para hablarme, y eso me irritaba mucho. Pero esta vez no le iba a dejar usar eso.

-Al menos no vayas tan rápido. Tengo muchas dudas sobre todo esto.

Se detuvo un momento, antes de reanudar su labor, como si le sorprendiese.

-¿Quieres respuestas?

-Sí.

El chico comenzó a reírse para sus adentros. Me costaba, pero mantenía el control a pesar de sus intentos por sacarme de quicio de nuevo.

-¿De qué te ríes?

Al final, acabó dándose la vuelta antes de contestarme.

-Ah, nada en particular. Simplemente hace mucho tiempo que no viene nadie por aquí y… me he oxidado un poco. ¿Tienes alguna pregunta en concreto?

Medité por un momento qué quería saber antes. Era posible que no entendiese nada, pero me arriesgué y empecé por la más directa:

-¿Estoy muerta de verdad?

-¡…!

-¿Qué ocurre?

-Podías haber empezado por una un poco más sencillita. Ese tipo de dudas, tan personales y delicadas… requieren más tiempo para resolverse. Cuando tengas bastante información de tu nueva situación, no tendré que responderte a esa pregunta. Además…

Calló de repente. No sé si porque no sabía continuar, o porque esperaba algo.

-¿Además qué?

-No tiene mucho sentido el que te cuente un montón de cosas de este lugar y de lo que significa si aún no sabes si te vas a quedar aquí, ¿verdad?

-Pero algo habrá que yo pueda saber, ¿no?

-Ojalá fuese tan sencillo. Sin embargo, no puedo desvelarte nada… aún. Primero tienes que pensar si confías en mí o no lo suficiente como para creerte todo lo que te diga.

Habíamos estado hablando un buen rato, aunque el tiempo se me pasó rápidamente y me picaba la curiosidad. Estaba mirando al vacío cundo sin previo aviso escuché de nuevo su voz.

-Da un paso atrás. Ya.

No entendía nada, pero obedecí al instante. Di un par de pasos hacia atrás hasta colocarme detrás de él. Su expresión había cambiado: miraba fijamente una sección del pasillo en la que iba a pasar algo, y agarró con más fuerza su escoba. Pasaron unos segundos, y una sensación extraña pareció recorrer todo el espacio. Iba a preguntarle qué pasaba cuando una nube roja apareció en mitad del pasillo interrumpiéndome.

La nube iba creciendo rápidamente hasta alcanzar el techo del pasillo. Pude distinguir difícilmente tres siluetas que progresivamente dieron lugar a seres humanos. En el centro de encontraba otro chico, más alto, ancho y vestido con una especia de traje rojo reforzado, como una armadura. Detrás de él había otras dos personas, chico y chica, que se quedaron en un segundo plano mientras el que parecía el jefe hablaba:

-¡Vaya, mira a quién tenemos aquí! Nuestro pequeño barrendero haciendo la ronda.

-Hola, hola, Molger. ¿Cómo te trata la vida?

-Como siempre, trabajando. ¿Quién está detrás de ti?

Se inclinó para verme la cara mejor, y yo pude hacer lo mismo. Debía tener un par de años más que yo, además de sacarme una cabeza. No quise responderle, confiando en que alguien lo hiciese por mí.

-Debe ser raro tener visita después de tanto tiempo, ¿eh?

-¿A qué has venido, Molger? ¿No tienes bastante gente en tu territorio que vienes aquí a por más?

Mi extraño anfitrión empezaba a cambiar su tono otra vez, volviendo a su actitud descarada y desafiante.

-A veces hay que raspar en el fondo del cubo para encontrar algo aceptable,-respondió mientras me analizaba con su mirada- quizá haya alguna que otra sorpresa. Asúmelo, este sitio no tiene futuro; hace años que nadie se queda aquí más de dos días.

Molger estaba empezando a cabrearle igual que él hacía conmigo. La diferencia es que no sabía cómo iba a saltar al llegar a cierto punto.

-En fin, no he venido aquí para restregarte nada. He venido por ella.

Aquellas palabras me sentaron como un cubo de agua fría, tan contundentes como mi anterior conversación con el barrendero. Definitivamente estaba en baja forma, ya me había quedado petrificada dos veces en un solo día.

-¿P-Por mí?

-Así es. Acércate sin miedo, no voy a comerte… no como otros.

Me dirigí a él lentamente, observándole a cada paso por si intentaba algo extraño. No me inspiraba demasiada confianza. No obstante, llegué a colocarme a su lado sin ningún problema.

-Supongo que este facineroso ya te habrá contado un par de cosillas, ¿no? Lo de tu…

-¿Muerte? Sí, algo me ha dado a entender… aunque no demasiado.

-Típico de él, siempre con tanto secretismo. Seguro que te ha dicho que hasta que no accedas, no te contará nada, ¿verdad?

-Sí, es cierto.

-Pues debes saber que tanto yo como mi gente somos mucho más considerados con las visitas. Verás como yo puedo resolverte todas las dudas que él no ha podido afrontar.

Mientras decía las últimas palabras logró rodearme con su brazo derecho, haciendo que me pegase a él. Emanaba una energía poderosa y cálida, capaz de acabar con cualquier cosa.

-Antes de nada, quiero que sepas que comprendo tu situación: acabas de morir, apareces en un lugar totalmente extraño y no sabes absolutamente nada. No te preocupes, nosotros pondremos fin a eso. Te proporcionaremos un hogar, gente agradable, objetivos por los que seguir existiendo y toda la ayuda e información que necesites, sin tener que hacer nada más que acompañarme a mí y a… esos dos. Sencillo, ¿no?

Acabé fijándome en las dos personas que lo acompañaban. Estaban apoyados en una pared, al margen de su jefe, y hablando con mi misterioso recepcionista, que aún agarraba su escoba. No parecían conocerse, pero no existía esta tensión que sí provocaba Molger. Uno de ellos le enseñó su brazo, el cual examinó concienzudamente.

No quería que Molger se diese cuenta de que apenas le estaba escuchado, así que volví a mirarle y a prestar un poco de atención. A pesar de ello, creo que alguien sí se dio cuenta.

-En resumen, últimamente hay muchísimos cambios, y es hora de escoger un bando. No quiero presionarte, pero te recuerdo que sólo hay dos opciones posibles, a favor o en contra nuestro, y créeme, no te gustará estar en contra mía.

-¿En serio, Molger? Si no recuerdo mal, la última vez que nos peleamos acabaste mordiendo el polvo de mi escoba.

-Si no te importa, esto es una conversación privada.

-No desde que has entrado aquí como un cumulonimbus asmático.

-No le hagas caso, ya ves que no es alguien de fiar – me dijo con voz más baja – ¿Te imaginas aguantarlo todos los días? Yo no sería capaz.

-Oh, vamos, Molger, yo pensaba que me tenías más aprecio. ¿Es que no significo nada para ti?

-Sí, un auténtico grano en el culo, de esos rabiosos que no se van ni a tiros.

-¿Eso de ni a tiros es porque no pudiste acertar un disparo a un metro de distancia?

-Oye, tú, sigue así y acabaremos teniendo problemas.

Molger retiró su brazo y se dirigió a él a zancadas con ánimo de hacerle callar de cualquier manera. A los pocos segundos se encontraba a pocos centímetros de su cara. Recibió rápidamente una réplica: tiró su escoba y se acercó a Molger aún más, sonriendo a la vez que frunciendo el ceño:

-Venga, te estoy esperando.

En cualquier momento iban a empezar a pelearse si alguien no hacía nada. Y como parecía que sus dos acompañantes no iban a mover un dedo, decidí intervenir yo misma y parar esa locura.

-¡Ya basta!

Los dos me miraron al unísono, recobrando lentamente la compostura pero sin dejar de desafiarse el uno a otro. Molger se sacudió su ropa y dijo lo que ambos estaban esperando:

-Tienes que decidir ya: o él, o yo.

Tenía ante mí dos posibilidades: podía irme con Molger y obtener las respuestas que tanto ansiaba además de algún sentido en mi vida, o podía quedarme allí con aquel chico que no me había dicho nada relevante, ni siquiera su nombre. No utilicé ningún tipo de argumento, simplemente hice lo primero que se me ocurrió. Me dirigí al chico moreno, recogí la escoba y me dispuse a entregársela:

-Escucha… aún no nos conocemos, ni sé apenas nada de ti o de este sitio…

Molger ya empezaba a esbozar una sonrisa de triunfo, dando por lograda su victoria.

-…pero, ¿puedes prestarme la escoba? Quiero barrer algo de porquería que se ha colado por aquí.

Nada más oírlo, ambos se quedaron de piedra. Logré devolverles a los dos el golpe que me habían dado poco antes, demostrando que yo también sabía defenderme a su estilo. Incluso tardaron unos instantes en reaccionar.

-Claro que sí.

La cara de Molger empezaba a mostrar un gran enfado, aunque logró contenerse lo suficiente como para no hacerme nada ni a él ni a mí. Se limitó a llamar a sus acompañantes y a desaparecer con la nube roja tal y como vino.

-Muy mala idea. Te dije que no querrías verme de mala leche, pero si así lo has elegido, no pienso hacer nada. ¡Volveréis a tener noticias mías!

Dicho esto, la nube se esfumó junto con los tres visitantes. Al mismo tiempo él había recuperado su escoba, la cual usaba como apoyo para ver aquella escena.

-Cuánta chulería…

Ya está. Había decidido quedarme allí con él, sabiendo que me iba a costar horrores sacarle algo de información, pero no me importaba: sería un reto para mí, y necesitaba de verdad algo por lo que pelear.

-Por cierto, no creas que voy a olvidar ese último ataque. Creo que me lo voy a cobrar ahora mismo, con tres sencillas palabras: te lo dije.

-¿Eh? ¿A qué te refieres?

-Si no me equivoco, te dije que te haría cierta propuesta, la cual ibas a aceptar sin hacer ningún tipo de pregunta antes de tomar una decisión.

-Pero… fue Molger, no tú.

-Vamos, ¿de veras crees que lo hizo por voluntad propia? Vale, sí, lo dijo él, pero sin yo no llego a intervenir, habrías aceptado su generosa oferta.

-Entonces, ¿le provocaste a propósito? ¿Sabías lo que iba a suceder?

-Querida, conozco a Molger desde hace mucho tiempo. Es carismático, fuerte y decidido, pero salta fácilmente si sabes pincharle. Un par de frases escogidas, y pasa de ser majo a la amenaza, el desprecio, el insulto y la agresión. Tanto que quiere aparentar, y no es muy diferente a los demás: diles la verdad y recibirás un directo en el tabique nasal. Y eso no juega a favor de Molger al tomar una decisión tan importante, ¿me equivoco?

¡Mierda! ¡Me había pillado otra vez! Toda esa escenita estaba planeada desde el principio, y yo había caído en su trampa como una tonta. Era demasiado para mí, no podría ganarle ni en sus peores momentos. ¿Había escogido bien?

-Pero, por favor, no te quedes con esa impresión de mí, no suelo engañar a la gente con tanto descaro salvo en determinadas ocasiones. Tenía ganas de arrebatarle alguien a Molger desde hace tiempo… y llegaste tú.

Había perdido ya la cuenta de las veces que había conseguido calentarme. Llegué a pensar que lo que no pudo hacer Molger lo haría yo en ese momento.

-En fin, no te quedes ahí parada como un poste. ¿Entramos? Te enseñaré tu habitación.

Sin embargo, volvió aquel chico solitario y amigable que me recibió por primera vez para frenarme los pies y hacerme entrar en razón. Su forma de ser era diferente, daba confianza pero a la vez te mantenía alerta ante todo, incluido él. Empezamos a caminar juntos por aquel pasillo interminable, mientras dejábamos que el destino decidiese si acabábamos a tortas o no. Y para relajar un poco el ambiente, empecé con mi primera pregunta de mi nueva vida:

-Por cierto, no me has dicho cómo te llamas.

-Veo que no se te escapa una, ¿eh? Me llamo Ziram. Encantado.

-Igualmente. Yo soy…

-… ¿Ocurre algo?

-No… no sé cómo me llamo.

-¿En serio? Vaya, eso es bastante raro. No te preocupes, verás cómo encontramos una solución.

-Ah… gracias.

¿Quién demonios soy? Si ya ni siquiera sabía eso, no podía hacer mucho en la vida, Pero bueno, al menos ya tenía compañía. Ojalá sea agradable.

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