Mi verdadero yo: Oscuridad

Paredes. Suelo. Techo. Todo estaba absolutamente oscuro y no podía verse nada, ni siquiera haciendo un escaneo. Después de aquel “suceso” me desperté en la más absoluta oscuridad. Estaba en un lugar totalmente desconocido y al parecer ajeno al mundo real: no hacía frío ni calor, no corría el aire, no había… nada. Oscuridad solamente y nada más. Al poco tiempo me puse de pie y comencé a andar, pero fue en vano. Varias horas andando y no llegué a ningún sitio, como si no me hubiese movido en realidad. No sabía qué hacer, de modo que me senté a esperar.

¿Dónde estaría él? Aquella noche estuvo totalmente inconsciente, pero tendría que estar en algún sitio, a no ser… que la explosión haya acabado con él. No, no podía ser. De ser así también me habría matado a mí, y dudaba mucho que esa estancia en la que me hallaba fuese el más allá que prometen las religiones.  De todos modos tampoco estaba seguro de que yo mismo estuviese vivo o muerto… no podía saber nada en ese lugar.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que, sin previo aviso, noté una sensación conocida, su presencia. Al parecer debía estar en ese sitio conmigo, pero no podía verle ni detectarle. Era obvio que estábamos en un lugar que escapaba a mi control y, por lo tanto, era vulnerable a cualquier cosa que estuviese más acostumbrada a esto. Sin embargo, debía comunicarme con él cuanto antes para saber que estaba bien y tranquilizarme un poco, pero como no tenía ni idea de su ubicación, hablé al aire:

-Vaya, por fin despiertas.

Mi voz se extendió rápidamente por esa habitación, que al parecer era enormemente amplia y sin obstáculos. Retumbaba como si estuviésemos en un túnel gigantesco.

-¿Qué?¿Quién ha dicho eso?

Noté que me quitaban un yunque de la cara al oír de nuevo su voz. A pesar de ello, el sonido venía de todas partes, y ubicar a alguien así era imposible.

-Yo, obviamente. No creo que haya nadie más aquí.

-¿Quién rayos eres? ¿Y qué es este lugar?

Dos preguntas sin respuesta. Ni sabía qué era este lugar, ni sabía realmente quién era. He intentado durante mucho tiempo saber quién soy… pero nunca he obtenido un resultado en condiciones. Simplemente me dedicaba a vivir esperando que la respuesta viniese sola algún día.

-Por favor… ¿no me reconoces? Me ofende usted, caballero.

-¿Qué?

-Haz un poco de memoria. Seguro que encuentras algunas cosas raras en estos últimos días.

-… … Lo último que recuerdo es estar al lado del obelisco… y que empezaba a derrumbarse. A partir de ahí, nada.

-¿Y antes?

-… Ah, sí, lo de la rampa. Pero, ¿cómo sabes tú eso?

-Hombre, no pensarás que saltaste de un lado a otro de la calle por casualidad, ni que empezaste a correr como un loco porque tú quisiste…

-Espera, ¿fuiste tú? Pero, ¿cómo?

Al parecer había llegado el momento de revelarle la verdad de nuestra relación. Si no, jamás confiaría en mí.

-Digamos que formo parte de ti. Cuando necesitas un empujoncito o una ayudita un poco “sospechosa” ahí es donde yo intervengo. Sí, gracias a mí pudiste hacer esas barbaridades.

-¿Q-Qué? No… no te entiendo.

-Ay, Dios… ¿Nunca has escuchado alguna vocecita en tu cabeza? ¿Una voz que te promete que todo va a salir bien?

-¿Eres tú? ¿E-Estás dentro de mi cabeza?

-Sí, podría entenderse así. Realmente estamos separados, pero podemos influir el uno en el otro y comunicarnos, como ahora.

Eso me dio que pensar. Siempre he sido yo el que podía hablar con el otro, pero ahora era mutuo. Tal vez aquel lugar hacía que pudiésemos comunicarnos directamente…

-Bueno, ¿y ahora qué?

-¿Mmm? ¿A qué te refieres?

-Estamos aquí, aparentemente encerrados. No podemos vernos, sólo hablarnos. ¿Tienes algún plan para salir… o algo?

La verdad es que no se me había ocurrido. Si habíamos entrado allí, también podríamos salir, aunque fuese a lo bestia. Pero tenía miedo de que estuviésemos en un lugar frágil, y que si lo destrozaba podría acabar con nosotros.  Además, él no se arriesgaría así como así.

-Tengo una ligera idea… pero es peligroso.

-¿Peligroso? ¿Cómo de peligroso?

-Podríamos no salir de ésta si sale mal.

-…

-¿Y bien? ¿Qué me dices?

-… ¿En qué consiste?

-¿Quieres conocer mi plan? No es de los mejores…

-Mira, estoy tan involucrado en esto como tú. Si queremos salir, más nos vale confiar el uno en el otro.

Me sorprendió que él fuese el que me pidiese confianza. Normalmente no confías ciegamente en una voz de tu cabeza, especialmente cuando no sabes nada más… pero él era diferente. Era capaz de cualquier cosa si la causa lo merecía. Y colaborar con un completo desconocido para salir de un apuro debía de estar entre sus principios. Extraños, la verdad.

-Verás, creo que esta sala es como una mente conjunta. Sólo nosotros podríamos acceder a ella, y seríamos capaces de comunicarnos como estamos haciendo ahora.

-Interesante. Pero, ¿cómo salir de la mente?

-Se me ocurre que podría ser como salir de un sueño. Si recibes una impresión muy fuerte o algo similar, te despiertas.

-¿Y cuál es tu plan? ¿Pegarnos un tiro para despertarnos? También podríamos matarnos, y de ahí ya no se sale.

-Ya te dije que era peligroso.

-… Tengo una idea menos… radical. Salir nosotros solos.

-Estupendo, estupendo. ¿Podrías decirme cómo, si puede saberse?

-No lo sé. ¿Abriendo una salida? Al fin y al cabo, es nuestra mente, y aquí mandamos nosotros.

Eso era cierto. En el fondo, aunque no podíamos ver nada, éramos totalmente libres. No era oscuridad lo que nos rodeaba, simplemente no habíamos abierto lo ojos aún. Debíamos encontrarnos si queríamos empezar a salir de ahí.

-Hey, ¿estás ahí?

-Si, sí, sigo aquí.

-Se me acaba de ocurrir algo. Extiende la mano.

¿Extender la mano? Eso no tenía sentido. Era imposible que estuviese delante mío, lo notaría. sin embargo, su tono amigable y tranquilizador me impulsaron a hacerle caso. Para mi sorpresa, me encontré una mano en el camino. me apresuré a agarrarla con firmeza, y justo en ese momento, una brillante luz blanca apareció entre nosotros e hizo temblar la habitación.

-¿Qué está pasando?

-Tranquilo, pronto saldremos de aquí.

La luz fue creciendo rápidamente hasta que cegaba tanto como la propia oscuridad, y poco después quedó reducida a la luz que se filtraba a través del hueco de una puerta, que había aparecido a nuestro lado, a poca distancia.

-¡Ahí está la salida!¡Vamos!

-Cálmate, tampoco hace falta correr.

Fuimos andando hacia la puerta progresivamente hasta situarnos a medio metro de ella. Puse mi mano sobre ella para empujar y abrirla, cuando él, que estaba detrás de mí, posó su mano en mi hombro.

-Espera. Tengo que preguntarte algo.

-Está bien. ¿Qué quieres saber?

-Primero, ¿nos volveremos a ver?

-Eso espero. Si no… nos va a ir muy mal.

-¿Y eso?

Empecé a reírme por lo bajo. No le había dicho nada de que nos habían capturado y que apareceríamos en cualquier lugar menos en casa. Preferí que lo descubriese él solo, no le voy a dar todo mascado.

-Pronto lo sabrás. ¿Y lo otro?

-Ah, sí. ¿Quiénes son esas dos chicas? Las que nos perseguían el día de lo de la rampa…

-Si te digo la verdad, no tengo ni idea. Pero tranquilo, no dejaré que puedan con nosotros, aunque necesito que me ayudes.

-Claro. ¿Qué quieres que haga?

-No te rindas. Da igual lo que nos hagan, no te des nunca por vencido. Si eres capaz de hacerlo, yo también podré.

-…

-…

-Está bien.

En aquel instante empujé la puerta y juntos salimos hacia lo desconocido. Era muy probable que acabásemos en un lugar peor, pero ahora estábamos juntos en esto. Nadie podrá pararnos ya.

-Por cierto, ¿cómo te llamas? Me imagino que aunque seas una voz, tendrás un nombre, ¿no?

-Mmm… puedes llamarme Ego.

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