El sistema: Prólogo

Llovía. Mucho. No se podía distinguir apenas en la noche, pero llovía a cántaros. Las gotas se estrellaban contra el asfalto una vez terminado su viaje. Siempre igual, de arriba a abajo. Los relámpagos, coreados por los truenos, iluminaban ese suicidio colectivo y daban un toque fúnebre a la escena.

Mi trabajo de hoy ha sido relativamente fácil: he tenido que cosechar un espíritu o, como más comúnmente se conoce, matar a alguien. No era nadie particular: un simple hombre de Rusia con una vida normal y corriente, sin preocupaciones ni problemas en la vida. Sencillamente, su espíritu había pasado el tiempo necesario de estudio y se requería para efectuar el análisis.

Mi objetivo se encontraba en la séptima planta de un hotel, en la habitación 728. No podía entrar en el hotel así como así, de modo que fui a la parte de atrás y esperé a que no hubiese nadie para empezar a subir. Recordé la quinta lección de Interacciones que recibí: “desvía el intercambio de gravitones desde la base hasta la superficie para generar un campo gravitatorio temporal” Tras colocar el primer pie y notar la atracción de mi pequeña gravedad, el resto fue fácil. Poco a poco fui subiendo por la pared del hotel caminando literalmente hasta que llegué a la ventana de la habitación de aquel hombre. Estaba sentado en un sofá, pensando en sus cosas, de espaldas a la ventana. Su cabeza asomaba ligeramente por encima del respaldo, pero no tanto como para que me viese. Mejor.

No podía tardar mucho. Reblandecí el cristal para poder entrar en la habitación sigilosamente, y cuando estaba justo detrás suyo saqué mi escopeta. Apunté a su espalda y disparé una carga contra él. Atravesó el sofá, se incrustó en su cuerpo y rápidamente empezó a desintegrarlo y a dispersar su mente. Mientras tanto saqué una cápsula vacía y encerré su espíritu, a salvo de cualquier espectro errante hambriento. Me guardé mi botín y salí de la habitación tan rápido como entré.

En este tipo de recolecciones es mejor no dejar ninguna prueba: ni cadáver, ni pruebas, ni nada que significase un asesinato. Simplemente una desaparición, como muchas otras que había protagonizado en los últimos meses. Devolví la ventana a su estado original y subí a la azotea del hotel para poder usar el transporte. La lluvia comenzaba a drenarse por las tuberías y los rayos golpeaban con fuerza el pararrayos. Una bonita vista después de varios años haciendo el mismo trabajo.

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